Soñando uno de tus sueños

Blog de escritura

Soñando uno de tus sueños

Angstcember: En esa canción

En esa canción

En otros ojos he encontrado tu mirada; en otras voces he encontrado tus palabras y en esa canción, en esa maldita canción, me enfrenté con tu alma.

No me toques que se me quiebran las esperanzas; no me mires cuando me caigo de la cama; no me hables cuando pienso que ya no hay mañana.

No me busques porque no quiero encontrarte.

La lluvia se levanta en puño y aletea el corazón en las alas del zorzal. Entre el brillo y el espanto arranco tus ojos de mis vidas pasadas.

Chilla el río entre recuerdos; sopla el viento entre remansos. Pinto el pasado de humedad. Y cuando se muera el mesías de los sueños y sólo queden rincones supurando tu veneno, me sentaré en la tarde jugando a la ruleta, con los colores del azar el pasado teñirá sus miedos. Y entonces, no volveré a recordar.

Reto: Toque - «No me toques».

¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Les conté que participaba en Angstcember y aquí les comparto otro día más.

Si bien, llevo algunos días atrasados, pienso escribir a lo loco hoy así termino y de paso, comparto todo aquí por el blog.

Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!

El cielo a mi favor - Capítulo 1

Capítulo 1 Primer contacto

Había sido muy repentino y un poco de estupidez de la muchacha cuando subió a la copa del árbol para ver mejor el mundo a su alrededor. Nunca pensó que la rama en donde estaba parada fuera a romperse y ella fuera a caer sin remedio al suelo. Tal y como estaba disfrazada, porque Fuyuki había ingresado a la aldea de incógnito, la falda había quedado levantada al caer al suelo dejando su trasero a la vista de todos. O bien, en su caso a uno de los pocos transeúntes que andaban por ese camino: el Hokage.

Fuyuki se bajó la falda rápidamente y lo vio a él tan parsimonioso y hasta atrevido le resultó, poniéndose de pie y señalándolo con él dedo.

—Sé que viste todo, así que ahora, deberás pagar peaje —le dijo la muchacha dejando atónito a Kakashi que hasta había perdido la página que iba leyendo de su libro.

—Te equivocas, yo…

—Sé que las viste, son azul cielo de encaje y con lazos —insistió ella sin dejarlo defenderse en lo absoluto— si hasta te has sonrojado.

—Tienes un bonito trasero, es normal que…

—¡Ajá! —Exclamó eufórica— sabía que sólo te estabas haciendo el desentendido.

Kakashi no sabía que decir, no es como que en ese momento se le ocurriera una buena forma de salir bien parado de ahí. Intentó negarlo y le salió el tiro por la culata, así que sólo respiró resignado y cuando vio la expresión de la muchacha cambiar a una sonrisa, no supo si sentirse aliviado o preocuparse más todavía.

—Hoy es el festival de fuegos artificiales y me acompañaras —dijo complacida— es mi primer año estando sola. No quiero recibir así el nuevo año —siguió hablando ya un poco más calmada de lo que había estado antes— así que podemos olvidarnos de esto fácilmente y pasar la noche juntos, Hokage-sama.

—Pero yo no tenía pensado ir al festival.

—Pues, ahora irá —insistió ella tan segura de ganar como estaba Kakashi de no ir.

—No.

—Sí.

—No —repitió él.

—Hagamos una carrera. Si me gana, se ahorrará esto y no tendrá que acompañarme —sugirió ella sabiendo que la pelea verbal iba a durar para siempre.

—¿Hasta dónde?

—Hasta allá, justo donde empiezan las escaleras —señaló al frente extendiendo el brazo.

—Ah, donde está la mariposa.

—No, en las escaleras.

—Pero tu dedo está señalando la mariposa —remarcó él haciendo que un tic le apareciera justo en la ceja— oh, mira, ya gané —dijo viendo la mariposa posarse sobre su libro. ¿Podía alguien ser tan meticuloso e irritante?

Sí, se podía.

—¡Hasta las escaleras!

—Ah, lo tendrías que haber dicho desde el comienzo —guardó su libro viendo a la mariposa volar lejos, para luego acabar cerrando sus ojos. A pesar de que no se veía su rostro por la máscara, podía intuir debajo de ella, una expresión amable por la expresión de sus ojos— pero como ya gané, elegiré mi premio.

Aunque simplemente, Fuyuki estaba perdiendo la paciencia. Pero parecía que él se estaba divirtiendo haciendo el tonto y no sabía exactamente cómo tomar eso. Lo que sí supo es que posiblemente, su plan se hubiese visto totalmente cambiado para poder llegar a cumplir su objetivo. Sin mucho qué hacer, debería darle la vuelta y darle alguna señal a Mochizuki para que abandonara la misión rápidamente.

Pensando y pensando, no se dio cuenta cuando el Hokage se detuvo y la miró por sobre el hombro preguntándole si no iba a acompañarla al festival, deberían buscar un lugar más alejado para pasarlo juntos, pero ¡él había aceptado! Ya con eso, daba por cierto que todo iría de acuerdo a lo planeado.

Con la confianza que tenía la joven, tomó del brazo al Hokage y comenzó a andar con él rumbo al centro que es donde se celebraría el año nuevo. Sabía exactamente qué las cosas iban a sucederse de ese modo que ya tenía estudiada la situación y muy bien actuado su guion, principalmente, para estar con el líder de la aldea. Fuyuki tenía planes que poner en marcha, pero había arrancado con buen pie de momento.

Se presentó bajó el nombre de Ito Hazuki. Su historia era precisamente, que al perder a su padre, estaba buscando un lugar más pequeño al que mudarse y había ido a ver los pisos de la zona antes del festival. Nada más lejos de la Fuyuki real, pero siempre estaba dispuesta a dar una buena actuación para conseguir sus fines y eso a veces requería que se hiciera pasar por alguien más, hablando mal y pronto, era una mentirosa profesional.

Fuyuki, o momentáneamente, Hazuki, iba a disfrutar de su primera noche con el Hokage, con el año viejo yéndose y el nuevo llegando, sin saber que aun con el plan más elaborado que pudiera imaginar y componer con su secuaz, siempre, habría algo que podía fallar.

Capítulo 2

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que estén de maravillas. ¡Finalmente traigo el primer capítulo! Así que voy subiendo de a poquito toda la historia. Por lo menos, habrá un dibujo por cada capítulo, así que verán novedades por aquí ;)

Espero lo disfruten una vez más.

¡Un abrazo!

Siete pecados: Sexto

Sexto

Abrió los ojos con modorra al sentir el peso extra en su espalda. Su esposa estaba encima de él jalándole suavemente un mechón de su cabello intentando que despertara. Sopló su aliento en la nuca y él se removió con un escalofrío en el cuerpo emitiendo un leve gruñido.

—¿No tienes otra forma de despertarme que poniendo todo tu peso encima? —Movió la cabeza de lado e intentó verla por el rabillo del ojo. Su cabello largo caía por encima de su hombro haciéndole cosquillas cuando ella se movía.

—Llevo rato intentando despertarte por otros medios, pero recién reaccionas.

Kakashi respiró profundamente y cerró los ojos volviendo a acomodarse en la postura anterior. Ella seguía encima de él y ni eso iba a importarle con tal de seguir durmiendo. Estaba cansado y pensar en que tenía trabajo por delante no le hacía nada de gracia: quería volver a dormir.

—Cinco minutos más.

—¡Ah, no! Tus cinco minutos pueden durar horas y horas. Tienes que levantarte.

Él alzó los hombros sin hacer ningún otro movimiento por lo que Fuyuki optó por algo más radical. Corrió su cabello de encima y le dio un mordisco en el hombro haciendo que él volteara y ella cayera de lado en la cama. Kakashi giró hacia ella y la aprisionó entre sus brazos respirando profundo el perfume de su cabello como si se relajara con ello y volvió a cerrar los ojos una vez más.

—Duerme conmigo cinco minutos —le pidió sin dejar que se moviera de su lugar.

—Pero llegarás tarde.

—Soy el Hokage, puedo cambiar el horario.

—Nada de eso —dijo ella arrimándose a su pecho— tienes que llegar a tiempo. Siempre te quejas de que yo hago trampa, así que ahora te toca a ti ponerlo en práctica.

Kakashi se quejó y la abrazó con fuerza. ¡Justo ahora se le daba por ser correcta y seguir las normas! Justo cuando él quería romperlas y dormir un poco más sin ningún tipo de preocupación más que levantarse y desayunar… en un par de horas.

—Me gustas más cuando quieres quedarte en la cama y no dejarme ir. ¿Dónde ha quedado esa Fuyuki? Quiero llamarla y que te reemplace —bromeó recibiendo un nuevo mordisco de parte de ella.

—Hoy es un día importante ¿recuerdas que hoy asumirá Naruto como Hokage? No puedes llegar tarde a la ceremonia. Mañana ya dormirás todo el día. Hoy ¡arriba! —exclamó zafándose de los brazos de su esposo cuando él la atrapó de la muñeca y la tiró de nuevo a la cama con él.

Su esposa se acomodó entre sus brazos mientras él la observaba con una expresión de cansancio y las marcas de las ojeras debajo de sus ojos.

—Tú también ¿no?

—¿Eh?

—También dejarás el puesto. ¿O serás asistente de Naruto?

Fuyuki no pudo más que reírse ante la preocupación que tenía él en ese momento. Lo abrazó y lo besó tiernamente sin perder la sonrisa que le había provocado con esa inquietud. Él, por el contrario, no le encontraba nada de gracioso a eso, estaba hablando muy seriamente acerca de su futuro laboral y la idea de que ella trabajara para otro hombre y compartiera gran parte del día con él no le gustaba en lo absoluto. Lo había pensado mucho en los últimos días, pero no habló con ella hasta ese momento. Daba por hecho de que renunciaría, pero era Fuyuki, dar por hecho algo con ella era sumamente arriesgado considerando lo impredecible que podía ser ocasiones.

—Yo soy la asistente del sexto. Mi trabajo termina cuando él deje el puesto —Fuyuki entrelazó una de sus manos con las de él y con la otra, golpeó su nariz juguetonamente— estás celoso —canturreó entre risas.

—No lo estoy.

—Preocupado porque pueda ser la asistente de Naruto, estas celosito —siguió diciendo sin perder contacto visual con él.

—No son celos —se defendió él sintiendo las mejillas acaloradas: se estaba sonrojando lo que Fuyuki no tardó en usar a su favor— es una sana preocupación por el futuro laboral de mi mujer.

—Son celos, cariño —se sentó y acomodó su cabello llevando su dedo índice a su barbilla con expresión pensativa— aunque quizás… —Kakashi abrió los ojos mirando la espalda de su mujer, las ansias se habían apoderado de él en momento en que ella empezó a cavilar opciones ¡eso nunca era bueno con ella! —Quizás debería trabajar para él. Seguro sí es puntual y no es un maniático de la perfección y los números exactos.

Ella comenzó a caminar fuera de la habitación siguiendo su monólogo de lo que sería trabajar con Naruto cuando sintió los brazos alrededor de la cintura.

Fuyuki sonrió triunfal.

—No dejaré que trabajes para él. Todavía soy Hokage, puedo hacer un decreto que lo prohíba.

—¿Llegarías tan lejos para que no trabaje con él? —Volteó a verlo con una sonrisa burlona en sus labios— esos son celos.

—No son celos —siguió terco a admitir que en realidad, estaba celoso de ello y que no iba a permitirlo, Fuyuki comenzó a trabajar con él para pasar más tiempo a su lado, no iba a dejar que alguien más arrebatase ese tiempo de sus manos. Ella, lejos de seguirlo molestando, se echó a reír parándose de puntitas y dándole un beso. Kakashi quedó totalmente perdido ante su reacción.

—No trabajaré para él, sólo quería que te levantaras ¡Y sí que funcionó! Te pondré celoso más seguido —se rio guiñándolo el ojo y dándole un suave beso en los labios dejando a Kakashi con los hombros caídos y los ojos bien abiertos viendo a su mujer dirigirse a la cocina— apresúrate a cambiarte o no desayunaras —le dijo y vio a sus hijos salir de la habitación con la modorra del recién levantado hacia el baño. Se rio con las manos en la cintura, no podían negar que habían salido a su padre.

Kakashi sonrió finalmente rascándose la nuca, volviendo a la habitación. Fuyuki siempre conseguía lo que quería y esta vez no había sido la excepción.

—Me lo cobraré luego —dijo él bostezando, con ganas de volver a la cama, casi que pensaba acostarse mientras ella hacía el desayuno ¡Y no tuvo suerte! Apenas lo pensó cuando sintió a su esposa detrás de él llevándolo a empujones a la habitación— ¿acaso lees la mente? —se quejó con miedo a pensar otra cosa y que ella se le adelantara y acabara por detenerlo de nuevo.

—Algo así —respondió— te conozco muy bien— y él apenas lo oyó, volteó tomándola de las muñecas y atrayéndola contra su pecho, dándole un fogoso beso en los labios. Su esposa quedó sin respiración en ese instante en que sus labios se movían encima de los suyos.

—¿Viste venir eso? —susurró a escasos centímetros, fundiendo su aliento en ella. Fuyuki se lo quedó mirando con la sorpresa dibujada en su rostro mientras se mordía el labio inferior manteniendo la sonrisa, no podía negar que la había tomado por sorpresa y que, si no tuviera la ceremonia, se le habría tirado encima.

Volteó y lo miró por sobre el hombro cuando Kakashi tomó su mano y entrelazó sus dedos con ella atrayéndola hasta acortar toda distancia entre ambos. Él pasó sus manos por la espalda y las detuvo en su cintura sonriendo triunfal ante ella.

—No escaparás así, Kakashi-kun. Así me abraces —contuvo un suspiro al tiempo que él besaba su cuello. Ella cerró los ojos— ni con tus besos o con… —no pudo contenerse y acabó correspondiendo sus besos y acorralándolo contra la pared.

El frío del muro en la espalda le produjo un leve temblor. Kakashi siguió levantándola de la cintura y llevándola a la habitación. La recostó en la cama subiendo la mano debajo de la blusa de Fuyuki yendo directo a sus senos mientras bajaba con sus labios por el cuello de su mujer cuando escuchó a Anzu gritar porque la comida se quemaba entrando a la habitación e interrumpiendo a sus padres que se incorporaron de la cama y actuaron como si nada en un santiamén.

Kakashi se rascó la cabeza mientras Fuyuki arreglaba su blusa con una sonrisa en los labios, conteniendo sus ganas de reír en ese instante.

—Sí, yo iré a ver —dijo Fuyuki dándole un beso en la mejilla— tú vístete.

Y tuvo que resignarse a asentir y ver a su esposa marcharse con su hija a la cocina. Se frotó el hombro derecho y fue a darse una ducha. Ese iba a ser su último día como Hokage, finalmente, dejaría el puesto a Naruto después de tantos años en el puesto. Iba a poder dedicarle más tiempo a su familia e iba a dejar el aburrido papeleo.

—Kakashi-kun, los niños te esperan para desayunar —dijo Fuyuki al volver y verlo salir secándose el cabello.

—Fuyuki-chan —él la abrazó y le dio un beso en el cuello— se cumplirá tu deseo.

—Mi deseo se cumplió hace años. Parte fue cuando te conocí —le dio un beso en la mejilla— y cuando te volviste mi novio —le dio otro beso— luego cuando quedé embarazada.

—Te aterradores en ese momento.

—Eso fue al principio. Amo a los niños.

—Lo sé —dijo dándole un corto beso en los labios.

—Y te amo a ti. Y amo cada minuto que pasó contigo y que tú seas lo primero que vea en la mañana seas tú y que seas lo último que vea al dormir.

—Estás loca por mí ¿No?

—Y eso te encanta —se rio sonoramente y él la levantó del suelo cuando ella lo mordió en el cuello— vístete. Si no llegas a tiempo a la ceremonia, no vas a tener suerte conmigo.

Su cabeza cayó al frente y la dejó en el suelo de nuevo buscando su haori y sombrero antes de ir a comer y cerrar esa etapa de su vida, volver a ser un ninja común y corriente y sobre todo, disfrutar de su familia.

Lujuria
Reto: Pereza

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. De a poquito voy subiendo los siete pecados ¡Ya faltan menos! Y éste es el que más me ha gustado desarrollar. Ha sido muy divertido poner a Kakashi en esta situación (siempre es genial ponerlo incómodo).

Espero que lo hayan disfrutado

¡Un abrazo!

Angstcember: Si el sol se apaga

Si el sol se apaga
El siguiente contenido presenta material explítico, sexual y/o violento no apto para menores de 18 años o personas sensibles.

Apenas entró a la habitación, ella se escondió detrás de la cama, justo hacia donde daba la ventana. Morgan la vio cubrirse la cabeza y esconder su mirada contra sus rodillas. Kysa estaba mal desde que la habían rescatado y él se sentía un completo inútil por no poder hacer nada por ella.

Aunque le había contado algo de todo lo que había pasado y los médicos confirmaron otros tantos detalles cuando curaron todas las heridas de su cuerpo, no había ninguna de las de su alma que pudieran ser sanadas. Él, podía entenderla hasta cierto punto. Cuando perdió su pierna, todo su mundo se vino abajo, incluso, desde mucho antes. La muerte, la guerra, las personas que él debía asesinar por sus misiones. La visión de la explosión se repetía una y otra vez en su cabeza sin importar donde estuviera y el dolor de su muñón le recordaba que había sido real y que jamás se iba a liberar del fantasma de la guerra.

Cojeando, caminó hasta donde ella estaba, apoyó la mano en el colchón y se sentó en el suelo, acomodando su prótesis con su mano para estar más cómodo. Luego, la rodeó con su brazo y ella saltó como si la hubiese golpeado. No fue hasta que vio que Morgan estaba frente a ella que se quebró, temblando, dejó que él la abrazara y lloró en su pecho hasta que se quedó dormida.

Tranquilo, pero con los ojos llenos de lágrimas por no poder hacer nada, se movió un poco, sacando el teléfono de su bolsillo y llamando a Jack para que fuera a la casa y lo ayudara. Él no podía ponerse de pie por su cuenta y no quería despertar a Kysa, así que sólo esperó. De todas formas, tenía que ir esa tarde a verlos.

Él necesitaba ayuda porque no podía con ello solo. No podía ver cómo ella se iba deteriorando día con día y que todo la alteraba. No quería ni imaginar todo lo que pasaba por su cabeza. Por momentos, la veía y se reprochaba haberla metido en su vida. De no haber sido por él y su estúpida forma de actuar, posiblemente, ella no habría sido secuestrada, torturada y destrozada de esa manera. Él soportaba todo, no le importaba. De verdad, era una persona que hablaba sin filtros, que insultaba y se burlaba de los demás porque él había aprendido a soportar todo. No le importaba que le hicieran daño a él, no creía que pudieran romperlo más de lo que estaba. Pero el sujeto que se la había llevado, lo consiguió porque había herido a la persona que más le importaba en la vida.

Bajó la vista y se limpió las lagrimas con el dorso de la mano y vio el vendaje en la pierna derecha, donde le habían arrancado la piel y todavía, no sanaba. Él entró a la casa y llegó hasta el baño, donde la tenían esposa a la bañera cuando todavía la herida estaba fresca, cuando caía la sangre y podía ver a la perfección la profundidad de la herida, casi en el musculo mientras ella sólo tenía la mirada perdida y no reaccionaba. No había forma de que lo viera, sólo estaba ahí, como si fuera un cascaron vacío. Con un nudo en la garganta, la apretó más contra su pecho. Lamentaba no haberla encontrado más antes de que sufriera todo eso, tanto lo que él sabía cómo aquello que no le había contado todavía.

Morgan sabía que jamás expiaría su pecado. Jamás dejaría de culparse por haberla conocido y por haberla perdido de esta manera.

******

Después de que Jack llegó, Kysa durmió en la cama. La ventana quedaba abierta debido a sus miedos de quedar encerrada, lo mismo, la luz del pasillo. No podían cerrar la puerta porque ella se estresaba y empezaban los ataques de pánico y todavía, estaban en la tarea de ampliar el baño para hacerla sentir más cómoda. Desde que había llegado tener que entrar a esa habitación era una tarea casi imposible. Por ahora, Morgan sólo había puesto cortinas oscuras en la bañera para que ella no la viera al usarlo. Hacía todo lo que podía para mantenerla cómoda y que poco a poco pudiera volver a la normalidad, a readaptarse al mundo. Sin embargo, cada día era más difícil que el anterior.

La terapia no servía. Hasta ahora, poco hablaba y más se dedicaba a llorar y a tener ataques por los episodios que se repetían en su cabeza. El encierro tampoco ayudaba. La primera vez que fue con el psicólogo, Kysa tuvo una crisis apenas cerró la puerta y Morgan la dejó sola con el profesional. Las siguientes sesiones habían sido iguales, hasta que dejaron de ir. Jack había sugerido el psiquiatra en su última visita. Sólo necesitaba encontrar a alguien que pudiera acceder a ciertas condiciones. Morgan no estaba dispuesto a repetir los mismos errores y hasta que ella no se sintiera bien, no la forzaría. Sin embargo, él estaba tan al límite como ella.

Los días pasaban y pasaban y sólo veía la carcaza de lo que alguna vez había sido la mujer que amaba. El miedo, los gritos, el silencio, la tristeza que se respiraba en el ambiente como si fuera la única forma de vivir. Eso también lo iba consumiendo a él y poco a poco, sacaba a flote todas esas imágenes que con el tiempo y esfuerzo había logrado olvidar.

Los dos caerían al vacío y nadie los detendría.

******

Por la noche, preparó la comida y la llevó hasta la habitación. Había hecho albóndigas con pure con manteca, el favorito de ella. Él esperaba que al menos, eso lograra sacarle una mueca de sonrisa, algo, lo que sea. Morgan estaba desesperado por obtener una mínima respuesta. Sin embargo, al llegar, sólo vio sangre. Los brazos de Kysa estaban cortados y las sábanas manchadas con su sangre. Las venas habían sido rebanadas a lo largo y ancho, incluso, había visto la mayor cantidad de sangre salir de la axila, la arteria humeral era la causante de todo. Él lo sabía, ella era doctora, podía buscar con precisión dónde y cómo cortar para acabar con todo, nunca pensó que fuera capaz de ello. Y al ver la cantidad de heridas que se había hecho, finas, superficiales, pensó que sólo lo hizo con el fin de sufrir.

Mientras caminaba hasta la cama y llegaba hasta ella, levantándola entre sus brazos, Morgan finalmente se quebró. No le quedaba nada por lo que seguir y tampoco había sido suficiente para salvar a la única persona que le importaba. Era un mar de lágrimas y frustración. Un dolor que se reproducía en todo su cuerpo como si las heridas de ella fueran propias. Gritó y hundió su cabeza contra su cuerpo frío y pegajoso por la sangre que empapaba todo. Y entonces, algo hizo clic en él y vio todo claro.

Acomodó a Kysa en la cama y luego, salió cojeando de la habitación. Agarró todas las botellas de alcohol que pudo y roció la casa con ello. Lanzó un fósforo y un par de cortinas viejas para avivar las llamas. Así, fue dejando tirada la ropa de los dos al lado de las llamas. Cuanto más rápido ardiera, mejor.

El humo fue apoderándose de la casa y finalmente, él llegó a la habitación. Se acostó al lado de ella con el cuchillo que Kysa había usado para acabar con todo y repitiendo los patrones. Él hizo lo mismo: se cortó y la abrazó, cerrando los ojos esperando que la muerte llegara.

De una vez y para siempre.

Reto: Secuestro - Opción 2) Encuentra a persona A vivo, pero está herido física y mentalmente. B siente dolor al ver a A en ese estado; alejándose de las personas, saltando ante cualquier ruido o movimiento, temiendo estar solo.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Participo del Angstcember, un reto que consiste escribir fics o historias originales en los que reine la angustia y sea la que se salga con la suya. En sí, el reto es para hacer catarsis y que sirva de terapia, yo la estoy pasando bomba con esto.

Me he dado el gusto de matar a muchos personajes xD y hacerlos sufrir de manera intensa ¡Y Morgan no iba a escapar de ello! Amo a este hombre, pero aprovechando el cuento, me doy el lujo de hacer lo que quiera aquí porque no es canon (hagan de cuenta que esto es un universo alterno)(?). Así que pueden quedarse tranquilos los fans de él y Kysa que en la novela seguirán juntos luchando contra el mal.

Pero siempre podrán volver aquí cuando quieran algo angst (?)

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

52 retos: El valor que tenía

El valor que tenía

Dinero, era todo lo que a él le interesaba. Cuando hablaban de las cosas que le gustaban, cuando ella quería estar cerca suyo, todo se reducía a dinero, a lo que pudiera comprar, a lo cualquier objeto material que ella pudiera tener.

—Mi tiempo es demasiado valioso para una cita. Elige algo —recordaba esas palabras que él le había dicho, dándole vía libre para que comprara lo que quisiera con su dinero, sin importar el precio. Y ella sólo quería un poco de tiempo con él.

—Gracias, lo pensaré —fue su respuesta y nunca sacó el tema de nuevo. Él prometió comprarle lo que sea, pero ella nunca pidió nada.

Lo único que quería era tiempo; lo único que le ofrecía era dinero.

Ella supo siempre que nunca habría amor, su familia la había vendido para pagar sus deudas y él ni siquiera había aparecido en su noche de bodas. Pero tenía esperanzas y a veces, le dirigía la palabra y su mundo parecía diferente. Pero era tan efímero como el parpadeo de la luz de las luciérnagas en la noche.

La sociedad era cruel con ella: nunca dejó de ser la hija inútil que sólo sirvió para casarse. Su esposo nunca estaba con ella en las reuniones sociales, así que era ignorada por los que podrían ser sus compañeros o amigos. Lentamente, ella fue aislada de todo, pero seguía firme, cumpliendo con sus deberes como esposa, como duquesa, aunque quería desaparecer.

El pecho le pesaba y respirar le costaba, veía a su familia acercarse y ella debía saludar cumpliendo el protocolo, actuando como si todo estuviera bien cuando en realidad, se estaba asfixiando. Sola, bajo las miradas que la juzgaban y la condenaban sin haber hecho otra cosa que estar ahí; haber nacido en la familia equivocada; tener mala suerte; ser castigada por los dioses. No sabía a quién atribuirlo, no había nada que pudiera decir: esto fue por su culpa. Ella sólo se llenaba de esos pensamientos y rumores que corrían: sólo sirves para eso.

—Sin tu familia, no serías nadie.

—Jamás habrías conseguido nada.

—Siempre serás una mujer inútil y sin valor.

Frases como esa siempre habían llegado a sus oídos, desde su familia, su hermano mayor siempre había sido bendecido con los mejores dotes y halagos y ella, había quedado esperando, al ser mujer, no tenía nada a lo que apuntar. Salvo cuando tuvo la oportunidad de casarse y ni siquiera eso le sirvió.

Aina se sintió mal. Era la anfitriona de la fiesta, pero debía hacerlo sola, sin nadie que la ayudara o que la apoyara, hasta los mismos sirvientes de la casa estaban en su contra ¿qué importaba si ella no salía a dar la cara? Nadie iba a extrañarla.

Nadie iba a notar que ella no estaba.

Se dirigió a su habitación sin prestar atención a las sirvientas que llevaban su vestido y zapatos para hacer el cambio de ropa antes de la medianoche. Era común contar con dos o tres cambios de ropas en las fiestas, pero no le importó. Ignoró a todos y se echó en la cama. Quiso cerrar los ojos y no saber nada más de aquella vida que no traía nada bueno a ella. Hasta que su suegra entró a su habitación.

—Madre, no me siento bien —fue su excusa, pero aquella mujer no la quería y nunca había dudado en ocultarlo, salvo cuando estaba su hijo en frente y como no estaba juntos seguido, tenía total libertad para barrer el suelo con ella.

—Los invitados pronto empezaran a llegar y no estás arreglada.

—No asistiré —dijo Aina sin ganas y entonces, los ojos de la mujer se volvieron más fieros y oscuros. Aina tembló en la cama, pero seguía firme en no querer salir. Ya se sentía terrible como para salir y sentirse el doble de mal.

Hubo un largo silencio, podía sentir el aura nociva de aquella mujer que le dificultaba estar, respirar en su presencia. La miró con el corazón latiendo a mil por hora y un dolor en el pecho tan intenso que parecía que iba a partírsele el corazón.

—Está bien, no asistirás —dijo y casi sonó a un alivio para Aina de no ser porque la tomó de la muñeca y la jaló fuera de la habitación, llevándola a rastras por el pasillo, sin importarle si lastimaba o no a su nuera.

Aina pidió un par de veces que la soltara o le diera una explicación, pero no obtuvo nada. No gritó ni pidió ayuda. Sabía que no había ni una sola persona en esa casa que estuviera de su lado, así que sólo siguió hasta que se detuvieron frente a una puerta. La mujer entró y encendió una luz de una vela y luego, empujó a Aina dentro, cerrando la puerta. Entonces, ella se dio cuenta de donde estaba: era el cuarto de castigo de los sirvientes. Un pequeño cuarto sin ventilación ni más luces que esa vela que estaba en la pared.

Desesperada e hiperventilando, golpeó la puerta, araño la hendidura de la cerradura intentando abrirla. Estaba asfixiándose y el encierro le hacía mal: no soportaba los lugares pequeños. Toda su vida la había pasado así, siempre había sido perfecta, pero su madre y su tutora siempre le encontraban defectos y sufría los castigos: Aina le tenía un terrible miedo al encierro y a la oscuridad. Y en cuanto estuvo ahí, comenzó a gritar. La poca calma que tenía de antes, se esfumó en ese instante.

Gritó, lloró, suplicó, pero nadie fue a verla a pesar de que los gritos hacían eco en el pasillo. La fiesta estaba en el anexo exterior, así con la música y la gente, nadie la escucharía, pero aún tenía esperanza de que alguno de los sirvientes pasara y la sacara. Que su esposo…

Cayó al suelo después de varias horas, cansada, con las manos lastimadas, las uñas cortajeadas por sus intentos de abrir la puerta, con algunos cortes y tajos que sangraban manchando sus manos y sus finas ropas.

—Alguien… —suplicó en silencio, con la garganta rasposa y sin fuerzas para seguir gritando y pidiendo ayuda.

No supo cuánto tiempo pasó de eso. La puerta se abrió tras horas o minutos, Aina ya no sabía diferenciar uno de otro en ese instante, sólo quería correr fuera, aunque el cuerpo no le diera para nada.

Se puso de pie en cuanto su madre la dejó salir y caminó hacia su habitación con paso zigzagueante. Quería llegar rápido a su habitación y sentirse segura ahí, lejos de todo. Veía la luz del día entrar por la ventana y su desilusión fue mayor todavía al saber que nadie la había buscado al notar su ausencia en la fiesta. Tal y como ella lo pensó: nadie la echaría en falta en la fiesta, hasta la habrían pasado mejor sin ella fisgoneando a los alrededores.

Cansada, adolorida y con una angustia enorme palpitándole en el pecho, se cambió los zapatos por unos más cómodos, agarró su bolso y vació el joyero dentro de él. Entonces, salió de la habitación y se fue por la puerta principal como un fantasma que nadie vería, nadie sabría que se iba. Buscó unos vendajes y se cubrió las manos con ellos y luego, se puso los guantes encima. Nadie sabría qué es lo que le pasaba.

Miró el pasillo y comenzó a caminar y como nunca, se encontró a su esposo muy cerca de la puerta.

—¿Vas a salir? ¿No te sentías mal?

—Estoy mejor ahora —mintió ella y bajó la mirada. No se había visto en el espejo, su rostro debía estar demacrado por las lagrimas y la falta de sueño, pero ni aún así, reparó en ello.

—Lleva al cochero —le dijo y siguió mirando las cartas que llevaba en sus manos. Pasó a su lado y ni siquiera se le movió un pelo por ella. Aina sonrió y se aguantó las lágrimas: era lo mejor que podía hacer— no vuelvas tarde. Tenemos una cena con los condes de Manglob.

—No lo haré —respondió ella sin voltear a verlo. Sabía que él tampoco lo había hecho y no importó. Sólo salió y sintió el aire fresco. Dio una vuelta por la mansión y comenzó a correr lejos. Su cuerpo entumecido todavía podía darle su anhelada libertad.

—La señora se ha ido corriendo —dijo una de las sirvientas a su amo, mirando por la ventana la silueta que se perdía en la espesura del bosque.

—Volverá antes de la cena —dijo el esposo de Aina y abrió otra carta mientras continuaba caminando hacia su oficina.

Día 24: Inventa una historia que acabe con un cliffhanger.

la, gente linda! ¡Feliz domingo! ¿Cómo están? Tuve una semanita bien agitada, pero aquí estamos, con cuento nuevo porque la angustia a full.

Sé que no voy a terminar este reto este año, pero ¡qué va! Iré a mi ritmo como siempre, que a veces hago varios seguido, así que, quién sabe~

Por cierto, el sorteo del blog sigue abierto para todo aquel que quiera sumarse, (hasta el 20 pueden hacerlo), así que están más que invitados a participar.

¡Un abrazo enorme!

Relato juevero: rompiendo cadenas

Rompiendo cadenas

Cuando le habían propuesto escapar, había dicho que sí sin saber nada. Él había sido esclavo toda su vida, siempre cumplió con los deseos del patrón sin importarle nada más que él. No había lugar para nada más; ni sueños, ni esperanzas, ni amor propio. Pero algo había en él que le daba curiosidad, que quería saber qué había más allá a donde lo llevarían. Era riesgoso, se irían en la madrugada, cuando todos durmieran y aunque reducía los riesgos, no los eliminaba.

Ansioso, esperó la caída de la noche, guardando apenas un par de trapos viejos que tenía por ropa en una bolsa agujereada por las polillas. Ernesto quedó en vilo, esperando que Sara llegara para decirle cuándo partir.

Sus ojos profundos veían en horizonte oscuro pensando en lo que habría más allá de aquella casa; la gente que encontraría; los sueños que conocería, ¡un mundo de posibilidades!

Eran siete en total. No habían reclutado más por ser peligroso, de hecho, llevar un grupo tan grande ya era peligroso, pero tenían que marcharse todos. Cruzar la choza abandona era sencillo, ahora, el camino para que nadie los viera era pasar por el campo de cultivo, donde estaba el guardia vigilando en la noche. Por suerte, con una botella de vino, era suficiente para mantenerlo lejos de ellos.

Ahora, sólo tenían que correr, con los pies descalzos y el alma al aire, anhelando aquello que nunca tuvieron. Corrían hacia la libertad, lejos de todo.

En medio del bosque, los esperaría un carro que los llevaría a otro pueblo y luego a otro, hasta estar en un lugar seguro, a salvo de cualquiera que quisiera hacerles daños.

Tres meses de viaje para llegar a su anhelado hogar. Todos se bajaron, entraron a la casa donde los recibieron con los brazos abiertos, con comida y una cama cómoda y cálida. Sin ordenes, sin castigos, sin presiones.

—Y ahora ¿qué hacemos? —preguntó Ernesto a Sara antes de entrar con todos.

—Lo que tú quieras. Eres libre.

Pero Ernesto no sabía qué hacer con su libertad, inseguro, con tanto poder y tan poca idea, se quedó esperando mientras veía la puerta hasta que Sara le dijo que entrara.

Él obedeció, sabiendo lo grande que le quedaba la libertad.

¡Hola, hola, soñadores1 ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Volví a participar en los relatos jueveros, así que estoy más que bien. Los invito a leer a los compañeros en el blog de Campi con más relatos sobre esclavitud.

¡Feliz fin de semana!

¡Un abrazo!

¡Sorteo aniversario!

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Yo soy pésima para las fechas, pero a esta me la tengo bien anotada. El 14 de diciembre se cumplen 7 años de que empecé a escribir en la blosgosfera y di a conocer todo lo que escribo, dibujo y deliro. Desde entonces, compartí 100 fics (logró completado ayer) y más de doscientos cuentos y muchos capítulos de mis novelas, hasta la publicación en físico de mi primer libro de cuentos de terror y horror. ¡Todo un logro! Así que ¡hay que celebrarlo! 

 En esta ocasión, he planeado esto con tiempo y he decidido hacer un sorteo de un de mis libros (incluyen los pagos y el paga si te gusta) en el que el ganador recibirá un ejemplar en PDF (a elección) y el segundo premio tendrá un dibujo de mi autoría (a elección si es original o fanart).

¿Cómo participan?

1) El sorteo es internacional, así que pueden participar de cualquier país. Yo me encargaré de hablar con los ganadores por privado para hacerles llegar su premio.

2) Sólo deben inscribirse en esta publicación (o alguna otra de mis redes sociales o el blog). Ganan una chance extra por compartirlo en sus redes (o hacer publicación en sus blogs, avisen nomás que aquí no me sale si lo comparten o no :( )

3) El sorteo se realizará el 23 de diciembre, así tengan su regalito para Navidad. Si el ganador no responde al cabo de 72hs después de que me contacte con él, daré por perdido el premio y lo sortearé de nuevo.

4) Por mencionar/etiquetar a un amigo, ganas una chance extra.

Y bueno, son todas las reglitas.

Espero su participación.

¡Un abrazo!

Un poco de eternidad

Un poco de eternidad

Se levantó del suelo y se apoyó en la pared. Tenía la pierna lastimada. Deshacerse de aquel espíritu le había costado mucho más de lo que pensaba y Misa no iba tan preparada como hubiese necesitado. Lo que menos esperaban, era tener que enfrentarse a algo así. Era un simple hechizo de protección que debían hacer en la vivienda antes de que sus nuevos dueños fueran a vivir en ella. Tan sencillo era su trabajo que no temió en llevar a Elián con ella y fue uno de sus errores, pues, había terminado herido por su causa.

Justo cuando creía que podía tener bajo control, uno de los adornos salió volando hacia él: un candelabro y al quitarlo del camino, le dio en la pierna, rasgando el pantalón y dejando la piel herida al descubierto. Pero Misa era terca como para darse por vencida por algo como eso: había salido de peores y lo haría también ese día.

Se puso de pie con gesto de dolor en su rostro y preguntó a su novio si se encontraba bien. Salvo por el golpe, no tenía nada, y con eso, ya podía seguir adelante, lanzando un último hechizo que finalmente, logró desvanecer al espíritu que quería apoderarse de la casa. Y con eso, todas sus fuerzas se habían desvanecido, cayendo al suelo cansada. Las peleas de ese tipo no eran lo suyo, pues, combatir con un espíritu maligno suponía disipar toda su energía negativa y la única manera de hacerlo, era usar la energía positiva para ello, lo que acarreaba un gran gasto de la misma para potenciarla y que se esfumara. Por eso, prefería a los monstruos.

Elián se puso de pie y la ayudó a levantarse.

—Debes ir a un hospital.

—No —lo detuvo levantando el dedo índice a la altura de su boca para que no siguiera con su argumento— vamos a casa. Yo me encargaré de esto.

No iba muy a gusto con los doctores, mucho menos, si debía quedarse más tiempo del que debía, en eso, se parecía demasiado a su padre y como tal, si tenía que quedarse a descansar, iba a ser en la comodidad del hogar. Y Elián sabía que, con eso, no tenía cómo discutir, que contra una bruja, nada podía hacer.

La llevó a casa y tuvo que salir de nuevo para comprar vendas. En el camino, vio un jardín lleno de crisantemos. Eran especiales aquellas flores entre blanco y algunos pétalos a medio teñir de rosado, como si se hubiese filtrado el tinte. Una señora salió a la puerta con una bolsa de mandado y entonces Elián se acercó y le preguntó si podía llevar alguna flor con él para su novia. Con gusto, la mujer le dejó elegir las que quisiera del jardín, aunque modesto, sólo tomó una de ellas y agradeció antes de marcharse.

Al llegar a casa, vio a Misa levantada, limpiando lo que había quedado en la bacha de la cocina. Elián apenas la vio, la regañó y la mandó a quedarse en la cama, él se encargaría de todo. Pero era terca, terca como no había conocido a ninguna mujer antes. Dejó las cosas sobre la mesada y se acercó a ella para llevarla de nuevo a la cama después de que secara las manos con un repasador. Cuando al fin la recostó, fue por las vendas y el agua oxigenada, para limpiar su herida y dejarla descansar. Quitó las gasas que tenía encima de manera precaria e hizo un mejor trabajo ahora que tenía todo. Así, cuando termino de limpiar y vendar su pierna, la arropó. Y con entusiasmo, le entregó el crisantemo blanco con tintes rosados a ella. Pero en cuanto ella lo tocó, el crisantemo se marchitó como por arte de magia.

—Lo siento, aún tengo secuelas del espíritu —dijo ella con pena por no haberse dado cuenta de ello antes.

—¿Eso es malo?

—Sólo necesito purificarme y estaré bien. No es la primera vez que hago esto —le dijo con una sonrisa ignorando la expresión afligida que él puso en su rostro, lo abrazó— Sabes que no me va a pasar nada ¿verdad?

Elián no respondió. Su problema era no sólo que le pasara algo, sino que él no era capaz de hacer nada para ayudarla. De pronto, se sintió como ese crisantemo que se había marchitado en un instante. Él era así. Las brujas podían vivir siglos y él, un simple humano, con suerte llegaría a vivir un siglo. Pensó que podría estar con Misa ahora, que podría cuidarla, pero sólo ahora. Cuando el tiempo pasara de nuevo, él se vería alejado de ella y la dejaría sola. Y él se preocupaba porque su vida estaba llena de peligros… y él deseaba un poco de eternidad para estar a su lado.

Correspondió el abrazo de Misa, cerró los ojos y se impregnó de su perfume: su momento de eternidad.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Les traigo un corto cuento de estos dos personajes de mi novela, ¡Qué ya era hora de que los subiera!

Elián y Misa son personajes secundarios, pero en los cuentos aprovecho a darle algunos momentos más de protagonismo, así que iré compartiendo varios momentitos de los dos.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

Angstcember

Angstcember
01) Héroe
Idea por twenty-four seven angst prompts: "Tú ganas." / "…¿Qué?" / "Por favor. No puedo seguir así. Ya no quiero ser el héroe. Solo… déjame morir."
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02) Tatuajes
OTP Idea #445 por otpisms: Persona A tiene demasiados tatuajes de flores por todo su cuerpo. Cada pequeña flor tiene un significado: cada una es la flor favorita de todas las personas que lo hirieron. Persona B no sabe sobre esto a pesar de que constantemente pregunta por qué su flor favorita no está tatuada en ninguna parte de A. A, siendo la persona testaruda que es no le dirá a B. B empieza a molestar a A, aprovechando cada momento libre que tienen para preguntar sobre el tema. A eventualmente termina gritándole a B que su flor favorita no merece estar en su cuerpo. Esto obviamente entristece a B y empiezan a discutir. Ellos pelean muchas veces hasta que varias semanas después, terminan la relación. Varios meses después se encuentran en un lugar público, persona B nota que su flor favorita está tatuada en el cuello de persona A, pero no le da importancia. Cuando A le explica por qué las flores están ahí, B automáticamente se siente culpable. Después de hablar y separarse de nuevo, persona A va directo al estudio de tatuaje para conseguir una nueva flor, su flor favorita porque sabe lo mucho que hirió a persona B lo que le hizo herirse a sí mismo por lo mucho que se preocupa por persona B.
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03) Juntos
A y B no pueden estar juntos, si lo están, A morirá
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04) Intercambio
1. B hace un intercambio por la vida de A. / A: «¿Qué hiciste? -pregunta horrorizadx»
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05) Guerra
Idea por fanficy-prompts: Trojan War!AU. Imagina a tu OTP como soldados en las guerras de Troya. Ambos están en lados opuestos. Los dos se conocen de antes, y es durante la guerra que se dan cuenta de que pertenecen a bandos rivales
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06) Felicidad
A tiene una rara enfermedad respecto a su edad: Cada vez que está feliz, su crecimiento se acelera, cuando está triste, su crecimiento es más lento. La primera vez que besó a B envejeció hasta la muerte.
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07) Miedo
Idea por angty-plots: «—¿Qué provocó que te volvieras así? / —Miedo, porque el miedo es un gran motivante. Y una maravillosa manipulación para quienes saben usarlo a su favor». [MIEDO]
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08) Herida
A, es el más estoico/serio de los dos, tratando una herida seria que tiene B. B se da cuenta de que las manos de A están temblando e intenta hacer una broma, lo que ocasiona que A rompa en llanto al casi perder a B.[
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09) Manos
«No puedo abrazarte con mis manos llenas de sangre».
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10) Broma
Idea por twenty four seven angst prompts: «—¿Puedes dejar de hacer bromas por un maldito minuto? / La otra opción es llorar y enfrentar mis sentimientos, así que no».
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11) Amigos
Idea por: angsty-plots: «¿Cuándo aprenderé a que no sirvo para tener amigos?».
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12) Secuestro
Idea por angstprompts: Persona A es secuestrado por alguien, y persona B debe lidiar con alguna de las siguientes opciones: Opción 1) Encuentra muerto a A. Opción 2) Encuentra a persona A vivo, pero está herido física y mentalmente. B siente dolor al ver a A en ese estado; alejándose de las personas, saltando ante cualquier ruido o movimiento, temiendo estar solo. Opción 3) Nunca encuentra a persona A.
13) Hanahaki
La enfermedad de Hanahaki es una enfermedad nacida de un amor uniteral (o no correspondido), donde el paciente lanza y tose pétalos de flores cuando sufren un amor no correspondido. La infección puede ser removida o eliminada a través de una cirugía donde se deshacen de la flor desde la raíz llevándose consigo los sentimientos para siempre.
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14) Capullo
OTP Idea #188 por otpisms: Soulmate AU donde todos tienen un capullo de flor creciendo en alguna parte de su cuerpo. Cuando conocen a su alma gemela, el capullo florece con la misma flor que su alma gemela. A se percata como la flor en su cuerpo, la misma que corresponde a B, se marchita después de que B fallece, dejando un constante dolor en donde estuvo por el resto de su vida.
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15) Sobreviviente
#MuerteDePersonaje: A está moribundo o en su lecho de muerte, B no puede vivir sin ellx, así que decide acompañarlo a la otra vida. B muere mientras A sobrevive.
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16) Listost
Litost: Def: Estado de agonía y tormento provocado por la repentina revelación de la propia miseria.
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17) Toque
«No me toques».
18) Dolor
«Si no duele, no sirve»
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19) Ángel
Idea por OTP Prompts: Imagina un AU donde persona A encuentra herido a persona B, quien es un ángel lastimado por pelear contra un demonio. Ellos lentamente se enamoran. Persona B descubre qué persona A también era un ángel que murió protegiéndolo cuando era un niño humano.
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20) Salvación
Prompt por: angsty-plots: «—B… por favor, detente… / —No. No puedo, y-yo tengo que encontrar una manera… / —B, ellos están muertos... / —¡NO! Yo… yo tengo que… tiene que haber una manera».
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21) Daño
«¿Ves lo que provocas? Tú me hiciste que te lastimara/dañara».
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22) Nacer
«Ojalá nunca hubieras nacido… »
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23) Desilusión
Idea por angsty-plots: «Dijiste que serías mejor. Tú nunca quisiste ser como ellos, pero yo los prefiero por encima de ti. Porque terminaste siendo peor».
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24) Abrazo
A siente la verdadera calidez cuando abraza y acaricia a B por la espalda. Sabiendo que B falleció hace varias semanas, A solo atesora el recuerdo e intenta que no desaparezca.
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25) Visita
A murió y solo puede visitar a B en navidad.o
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26) Duelo
Idea por angstprompts: Escribe una historia donde alguien debe lidiar con el dolor de perder a alguien, pero usando los pronombres hasta el final. Si estás escribiendo sobre una pareja del mismo sexo, usa itálicas para indicar al fallecido.
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27) Despertar
A y B están teniendo el mejor día de su vida; son felices, están juntos y terminan viendo las estrellas por la noche. A cree que es demasiado cierto para ser verdad, B le responde que tiene razón, que debe despertar. A despierta solx en la habitación de un hospital; ha estado delirando por días.
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28) Adicción
Idea por angsty-plots: «Las adicciones vienen en diferentes formas, no siempre como alcohol o drogas. Pueden ser las apuestas, la cafeína, sexo, incluso comida. Pero la peor adicción, lo peor que puedes desear 24/7 es amor… pero eso es lo que nos hace humanos».
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29) Bucle
A vive en bucle el día en que perdió a B
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30) Soulmate
Idea por OTP Prompts: Imagina un soulmate AU en donde la persona A de tu OTP tiene una cuenta regresiva en su brazo, contando lentamente hasta el momento en el que conocerá a persona B (su alma gemela). Un día, el contador por fin llega a cero y se desvanece casi por completo; A no tiene idea de qué sucedió. Tan pronto se gira, B tiene un accidente en el que pierde la vida.
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31) Muerte programada
Idea por Writing Prompts y angstprompts: Científicos inventan un dispositivo que puede determinar la fecha de muerte de las personas. La fecha de casi todos es Diciembre 31, 2016. La muerte de persona A es el 31 de diciembre de 2016, la de persona B es hasta 2019.
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Por culpa del paraguas

Por culpa del paraguas

Fue todo culpa de ese paraguas. Todo fue su culpa. Si no hubiese salido lo suficientemente triste y desesperada porque la tormenta se había largado y ella tenía que alcanzar el colectivo antes de que decidiera dejar de pasar, no lo hubiese conocido. Se escapó de sus manos y entre el viento fuerte y el agua que caía a cantaros, atacó a aquel pobre hombre, acabando por romperse.

Ella no podía decir con palabras lo avergonzada que estaba. Si hubiese sostenido mejor el paraguas, estaba segura de que no se le habría escapado de las manos y no habría terminado tan empapada como estaba.

Él lo tomó y se lo entregó con una sonrisa, ofreciéndole compartir el propio hasta la parada del ómnibus, algo que ella terminó por aceptar después de rechazarlo tres veces. Se sentía lo suficientemente idiota como para que la idea de ahogarse en la tormenta no sonara tan mal.

—Puede quitar esa cara de tristeza y escuchar la melodía del agua. ¿Escuchó ese trueno? Es una prueba de que en algún rincón de la galaxia, alguien orquesta una banda ¿Lo ve? Justo eso son los juegos de luces —señaló con una amable sonrisa el rayo que surcó el cielo dejándola sin palabras— y ahora, viene la batería —y se oyó un trueno más fuerte que antes— ¡va en crescendo!

Ella no supo qué decir, lo cierto es que escuchar tal desvarío le había hecho sonreír.

—¿Es músico?

—Casi. Director de orquesta. Aunque también enseño a niños. Tengo una orquesta con niños de primaria que hace que esto sea música para mis oídos —dijo con la misma sonrisa amable que antes, tanto que ella no sabía si tomárselo a gracia o en serio, pero no pudo evitar la risa.

Y aunque la tormenta seguía orquestándose mientras ellos se refugiaban en la deshecha casilla esperando que llegara el 109, todo pareció serenarse, que ella misma se sintió más tranquila, como si aquella charla tan inusual fuera lo que había necesitado para desligarse un rato del mundo.

La lluvia seguía cayendo oblicua gracias al viento y con tal fuerza que dolía cuando caminabas debajo, habiéndolo comprobado al caminar hasta la puerta del colectivo y despedirse de su nuevo amigo. La había invitado a su presentación en el teatro, a que conociera a su prometedora banda.

—No importa lo que escuche, usted sonría y apele a lo maravilloso de la vida —recordó que le dijo antes de despedirse. Y no supo si hablaría de la música o de la vida. Se debatió durante todo el camino pensando en ello y sólo asumió que lo descubriría en el concierto.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Les traigo este cuento que hice para una de las convocatorias jueveras (que en algún momento retomaré). Por ahora, estoy participando en el NaNo y voy bastante bien.

Me metí este año con una novela que ya tenía empezada en las cuarenta mil palabras. De terminar el NaNo, podría terminarla y llegar a las noventa mil (que espero que todo salga bien), si es más, será más, pero intento plasmar todas las ideas que tengo ahora sin pensar demasiado en la novela. ¡Va a ser una maratón de edición luego! Pero voy tan bien que no me quiero preocupar por eso todavía.

¿Alguno participa en el NaNo? Cuenten en los comentarios

¡Qué tengan un lindo día!

¡Un abrazo!

El mar y la luna

El mar y la luna

A la noche salía y se quedaba al lado de su balsa. A veces daba una vuelta por la orilla y volvía entonando una canción que ella nunca lograba terminar de escuchar. A lo lejos, el hombre desaparecía de su vista y la dejaba sola.

La Luna se sentía sola e impotente al no poder seguirlo y entristecía. Las aguas se agitaban por su causa y alteraba a todos a su alrededor.

—¿Qué te sucede, Luna?

—Quiero terminar de oír su canción —le dijo al Mar, que en la noche, brillaba. Él quería cumplir su deseo y tuvo una forma de hacerlo. La magia del agua reflejó a la Luna y la arrastró con las olas y la marea.

Índice
Palabras: Noche, canción, magia

¡Hola, hola, soñadores! ¿Cómo están? Les comparto este micro que participó del reto de AngelTold, un reto de Twitter donde proponía una consigna y había que escribir un microrrelato o un poema.

Casi se termina octubre y con Noviembre viene el NaNoWriMo. Tengo muchas ganas de participar este año, aunque todavía no sé bien si hacerlo o no por los tiempos y todos mis pendientes.

Todavía queda tiempo, así que ya veremos y les contaré qué tal

¡Un abrazo!

Ellos

Ellos

Ellos habían sacado lo peor de él, lo peor de lo peor. Era el único medico del pueblo, el único y había visto evolucionar la enfermedad desde el día uno. ¡Y no tenía una puta idea de qué podía hacer! Nada. Uno a uno vio a sus pacientes escaparse de sus manos sin que pudiera darles una muerta tranquila: todos sufrieron hasta el último suspiro.

—Incluso tú —dijo ante el cuerpo de su esposa. Ni ella se había salvado. Toshio no la amaba. O quizá sí. No estaba seguro de sus sentimientos ni de su humanidad a esta altura del partido. Se decía que todavía era humano, que todavía algo quedaba de él en ese cuerpo cubierto de sangre. Algo…

Después de experimentar con Kyouko, había quebrado lo último de humanidad que había en él.

O quizá no.

Si él seguía hablándole de ella, del experimento, de aquel ser que había llegado a destruir el pueblo de Sotoba, podría soportarlo y seguir adelante. Kyouko había muerto el día anterior y aunque no enterró su cuerpo, ella seguía muerta. Nunca despertó, lo que despertó fue aquella cosa en el cuerpo de Kyouko, pero no era ella. No podía aceptar que era ella.

Los gritos que escuchó mientras hacia la autopsia no eran de ella ni tampoco esa mirada de sufrimiento. No podía ser ella.

Muroi llegó cuando terminó todo y vio a Toshio manchado en sangre seca y aún sin coagular. Él sacó un cigarrillo y le habló como si no hubiese matado a nadie: Toshio no le había quitado la vida a nadie, a diferencia de los shiki. Y tenía pensado lograr que esa masacre acabara, aunque le costara la vida, que su humanidad ya se había perdido. Pero necesitaba ayuda y Muroi era quién podía dársela. O eso pensó. Pero tal y como se lo esperaba Muroi tomó otro camino que él prefería no ahondar.

Toshio lucharía por el pueblo.

Muroi lucharía por los shiki.

Al quedar solo, volvió a la habitación de operaciones, donde el cadáver del shiki descansaba cubierto de sangre y mutilado. Toshio no había tenido ni una pizca de sensibilidad en abrir y mover de aquí a allá cada órgano, cada nervio. Quería conocer bien a los shiki y cómo funcionaba su organismo y qué es lo que hacia la sangre en ellos, así que tuvo que hacer sacrificios…

Cubrió el cuerpo con una sábana hasta la cabeza. Se quedó viendo la silueta de Kyouko debajo de ella. Dio una calada al cigarrillo y le quitó la sábana hasta el mentón y vio los ojos compungidos de dolor abiertos. Toshio se quedó como ido observándolos. La oscuridad lo engullía dentro de esa pupila rojiza y demoniaca. ¿Por qué? ¿Tenían algún tipo de poder después de haberlos matado? ¿Cómo podría ver de cara a la muerte y seguir siendo una persona normal?

Levantó su mano manchada y cerró los ojos del cuerpo tieso. Metió la mano en el bolsillo y miró a su alrededor. El reflejo del vidrio de la sala de operaciones se devolvió hacia él. Su figura era deplorable. El guardapolvos que alguna vez fue blanco ahora estaba teñido de sangre. Él que alguna vez había jurado ayudar a los demás había infligido dolor.

—Nada será igual, aunque los mate a todos —soltó el humo del cigarrillo y se fijó en el rostro que mostraba el reflejo del vidrio. Ese hombre demacrado por la muerte y la tragedia.

Su reflejo le sonrió.

Toshio dejó caer el pucho de la sorpresa. Miró de nuevo y se vio a él nada más. Necesitaba dormir y descansar, aunque sabía que a su humanidad no la iba a recuperar, a Sotoba lo iba a salvar.

¡Hola, hola, soñadores! ¿Cómo están? De nuevo estoy con un reto. En este caso, es el Fictober. En el Club de Lectura de Fanfics, propusieron siete tablas diferentes para hacer este reto y la posibilidad de poder combinar varias de las tablas para poder hacer el reto.

Yo empecé con la tabla de Diálogos de comedia y terror y el reto que proponía era Tu reflejo te sonríe. Lo leí y pensé de manera inmediata en esta serie, así que tenía que escribir sobre ellos.

Iré subiendo de a poco e intercalando entre otras entradas para no saturar con esto el blog.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

Aunque duela un montón

Aunque duela un montón

Le cambió la púa al tocadiscos y terminó de pulir la madera. Apenas había limpiado la mesa y las espinas del pescado todavía estaban regadas por ahí. Sin embargo, el espacio donde estaba el tocadiscos mientras lo arreglaba, seguía impecable. Ni una escama lo había rozado.

El comedor era el lugar más abandonado, salvo ese metro cuadrado que quedaba como apartado del mundo, como si fuera parte de una realidad aparte. Era donde hacia su trabajo y siempre debía lucir impecable.

Siempre.

Puso su disco favorito, precisamente, el que había desgastado la púa anterior: el “Vals n.2” de Dimitri Shostakovsky con el violín y la orquesta de André Rieu. Mientras sonaba, lo llevó al salón. Abrió la puerta pechándola con la espalda tarareando la melodía con nostálgica alegría. Lo dejó sobre una mesa de caoba que estaba al lado de la chimenea y al voltear, la vio en el suelo. Estaba sentada, con la falda del vestido blanco cubriendo por completo sus piernas y pies y la mirada perdida en las formas que las manchas del piso de mármol formaban.

El corazón de él se saltó un latido y luego de ajustar el pitch para que fuera más lento, se acercó a ella y la tomó de la mano, levantándola del suelo. Puso su otra mano en su omóplato y comenzaron a bailar. Se balancearon levemente y comenzaron a andar en giros por la habitación siguiendo el compás de la música. Sus movimientos eran elegantes, como salidos de una película.

Llegaron a la esquina y ella estiró su pie hacia atrás e hizo un barrido con él y luego, él soltó su mano derecha y estiró su brazo al igual que ella, para volver con él dando giros hasta quedar de espalda a él. Él, posó su mano derecha en su cintura y mantuvo la izquierda en la mano de ella y se balancearon en el lugar dos veces antes de dar una vuelta, girando, moviéndose nuevamente por la habitación. Moverse al compás de la música era como volver al pasado, detener el tiempo y quedar sólo en el tempo de la canción, sin que nada más en el mundo los pudiera molestar. La pista de bailes, la música y ellos dos. No existía nada más perfecto que pudieran disfrutar.

Alzaron sus manos por sobre su cabeza haciendo un medio círculo, él, tomó la izquierda de ella, la hizo girar y volvieron a la posición original, quedando de frente. Manteniendo la mirada, siguieron bailando. Pie derecho al frente, el izquierdo, paso en el aire y volver a comenzar. Era su rutina favorita, la única que no cambiarían. Ahí, bailando, eran dos almas siendo guiadas por la música, cuerpo con cuerpo, al ritmo de sus corazones.

—Es melancólico. Es una canción dedicada a alguien que espera a quien no llega —le decía ella.

Él sonreía, la soltaba y la dejaba contra su pecho para abrazarla sin perder el ritmo de su baile. Volvió a extender su brazo al soltarla y siguió bailando manteniendo la postura, avanzando hasta el otro extremo entre giros gráciles y rápidos cuando se dio cuenta de que la música había dejado de sonar y ella ya no estaba entre sus brazos.

Miró alrededor preocupado y la vio en el suelo. El cabello largo y ondulado había caído sobre su cara y su vestido se extendía por el suelo: no reaccionaba. La música terminó y el cuerpo de ella se desvanecía en el suelo como una luz que, en vez de colarse, se iba por su ventana.

Se apretó la cabeza. La recordaba leyéndolo mientras trabajaba en la carpintería; quitándole los anteojos de culo de botella mientras le decía que se vería más interesante con otro modelo; cuando se le quemaba la comida y le decía que el sabor a quemado era su ingrediente secreto; recordaba que ya no estaba y las lágrimas brotaban y se derramaban en el suelo.

La recordaba en los pasos de vals que jamás volvería a bailar.

Se acercó de nuevo al tocadiscos y acomodó la púa una vez más. Movió el pitch hasta que lo ajustó al mínimo y la canción volvió a sonar. Volteó despacio, moviendo la cabeza de lado mientras él saxo la llamaba: ahí estaba sentada, en medio de la habitación con el vestido blanco y la falda abierta en el suelo. Se acercó entre giros y la tomó de la mano, invitándola a bailar el vals que nunca dejaría de escuchar.

¡Hola, hola, soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. ¿Qué tal los trata octubre? Ya se ha ido el año practicamente y no sé en qué momento han pasado tan rápido los meses.

Este cuento lo escribí el año pasado. El vals de Shostakovsky es una delicia, así que se los dejo en las manos de este talentosísimo hombre.

Espero lo disfruten

¡Un abrazo!

Canción de amor caducada — Capítulo 1

Canción de amor caducada Capítulo 1

Debía haber unas doscientas personas en el salón. Las luces apagadas de las lámparas y sólo aquella máquina de luces de colores iluminaba todo mientras la música con ritmo repetitivo y a un volumen que aturdía retumbaba entre las paredes y la gente. Abel estaba sentado, contra una pared. Acaparó el plato de sanguchitos de miga y miraba a los demás sacudirse al son de la música o de lo que sentían, casi que no podía llamar a esos movimientos un baile al ritmo de la música. Dudaba de poder llamar al ruido que escuchaba música. Para lo único que se había levantado de su cómodo asiento, fue para agarrar el plato de sanguchitos que estaba en la mesa de al lado. Entre la charla y las ganas de bailar, ninguno se había percatado de que la comida desapareció. La oscuridad lo ayudaba a seguir tranquilo con sus planes de comer, cumplir con su asistencia a la fiesta y luego, desaparecer, así como la comida de su plato.

«Lo único que vale la pena de estas reuniones, es la comida» pensó en cuanto terminó de comer y se sacudió las migas de las manos con una prolija tranquilidad y se levantó. Una de las amigas de su hermana lo invitó a bailar apenas vio que hizo un movimiento fuera de su zona de confort, pero terminó siendo rechazada sin mediar palabras mientras él salía a tomar aire en el jardín.

El camino de piedras era iluminado por farolas altas, dándole un aspecto más cálido y colonial. La fragancia de los azahares era el detalle perfecto para pasear en la noche por ahí. Alejado de la fiesta, había un quincho grande con un asador y tres mesas puestas a lo largo en el centro y a la derecha, una verja alta blanca, a juego con el cerámico del piso.

—Apuesto a que prefería un buen asado y una reunión rápida.

La voz femenina lo sorprendió, más bien, lo asustó. Volteó en dirección hacia donde ella estaba y respiró rápido al verla del otro lado de las rejas, apoyada contra ellas. No la había visto hasta que se hizo notar e iba luciendo un vestido que tenía un brillo mucho más intenso con la luz de la luna, como el que solían usar las estrellas de Hollywood cuando iban a sus premiaciones.

—Prefería no venir.

La única razón por la que estaba ahí era su hermana. Si ella no le hubiese insistido toda la bendita semana con su asistencia a la celebración, se habría quedado en casa leyendo o viendo una película antes de ir a dormir.

—Pero ya estás aquí, así que debes divertirte.

La mujer dio la vuelta y entró al quincho quedando en frente de Abel. Él no era tan rápido para hacer las cosas, salvo que estuviera muy motivado y éste no era el caso. Lo tomó de la mano mientras él se quedaba mirando su cabello color calabaza de un tono particularmente brillante mientras el olor a champagne llegaba con fuerza hasta él, mezclado con un perfume dulce, como a vainilla. No podía definirlo bien por el alcohol.

—Lo sé, apesto. Derramaron una copa de champagne encima de mí, pero eso no me impide bailar contigo —dijo animada colocando una de sus manos en su cintura, aunque él estuviera un tanto reacio a aceptarlo.

—No sé bailar.

—Yo tampoco. Improvisaremos —respondió igual de entusiasta ante su negativa, sonriendo alegre haciendo notar los hoyuelos de sus mejillas. Y lo hizo girar con ella.

Abel, rápido y queriendo dejar el baile de lado, apretó la mano en su espalda y la atrajo contra su pecho deteniendo sus pasos en un momento. El olor del champagne se hizo presente de nuevo y sin quererlo, se quedó viendo sus labios en un intenso color magenta, a tono con el vestido púrpura que llevaba ella. Y como si le hubiese dado una descarga, la soltó abruptamente rascando su nuca y mirando hacia otro lado. Él no tenía esas intenciones, sólo salió a tomar aire y no a bailar ni a socializar con nadie. La gente simplemente no se le daba bien.

—¡Bah! ¡Qué aburrido! —exclamó ella con las manos en la cintura con un fuerte suspiro. Y como un soplo de brisa, volvió a acercarse a él, enérgica y negada a obtener una respuesta que no le gustara— caminemos entonces —le dijo tomándolo de la muñeca y llevándolo fuera del quincho.

Los tacones le complicaban caminar por el camino empedrado, así que no tuvo prisas en quitárselos y seguir caminando al lado. Él miraba en silencio cada una de sus movimientos, debía ser una de las interacciones más largas que había tenido con alguien que no fuera de su familia o de su trabajo. Una vez veían su falta de entusiasmo y ganas por seguir cualquier conversación, se terminaban por alejar, ella, por el contrario, insistía en quedarse. Y no entendía las razones.

—Me tengo que ir. Que tenga buenas noches —la miró, agachó la cabeza y se fue.

Aquella reacción volvía a tomarla por sorpresa ¡de la nada se iba! Y sin siquiera entrar a despedirse al salón. Constanza se quedó viendo su espalda y lo siguió. Salieron al camino y ella iba tras sus pasos. Abel ya lo había notado hace rato, pero iba sin decirle nada. Se detuvo y ella hizo lo mismo.

—Esto podría llamarse acoso.

—Podría, pero yo sólo camino en el mismo sentido que usted. No veo como eso pueda ser ilegal —respondió ella con las manos en la espalda, sosteniendo sus zapatos. Llevaba casi un kilómetro caminando descalza detrás de él.

Él volteó a verla con expresión de cansancio ¡qué carácter tenía! Por suerte, él tenía la paciencia de Buda. Hizo un escrutinio amplio aún en la oscuridad de la noche. Sus pies estaban sucios y al ver el camino, también pensó que le debía estar costando caminar, que la ruta era bastante irregular y corría riesgo de lastimarse, especialmente, con la poca visibilidad del suelo, podría encontrar cualquier cosa. Pero veía que su sonrisa seguía intacta como si nada de eso le afectara. Abel movió lentamente la cabeza hacia su hombro y se masajeó el cuello antes de caminar hacia ella, ponerse de espaldas e inclinarse.

—Vamos.

Esa sola palabra la dejó perpleja, mucho más con su actitud.

—Vamos —repitió— te llevaré o te lastimaras —dijo mirando por encima de su hombro.

—¿En serio me vas a llevar a turucuto hasta la parada?

Él asintió y volvió a insistir a llevarla.

—¿No te vas a arrepentir a medio camino?

—No.

—¿Seguro? —insistió ella mientras él rodaba los ojos— está bien, está bien. Pero no quiero reclamos.

Constanza esperara que le dijera algo sobre su peso o que no iba a poder cargarla hasta la parada, pero no sucedió nada de ello. Abel fue tranquilo sin quejarse una sola vez.

—¿Por qué insistes en acercarte?

—¿Eh? ¡Oh, claro! —exclamó ella apoyando el mentón en el hombro de él— parecías triste en la fiesta. Y una fiesta no es precisamente el lugar para estar triste. Quería al menos, sacarte una sonrisa. Pero pareces tener menos humor que las piedras —lo dijo con resignación. Ni siquiera le hablaba como para poder encontrar algo que le gustara y de ahí, averiguar un poco más de él.

Contrario a lo que esperaba, él se rio. Constanza se irguió y se estiró hacia el frente para verlo sonreír, emocionadísima. Pero aquello sólo consiguió que Abel perdiera el equilibrio y cayera al suelo con ella encima, rodando a la vera del camino.

Ambos se quejaron del golpe. Abel, se levantó mientras Constanza alzaba la cabeza y se quitaba el cabello de la cara, lo miró y comenzó a reírse con fuerza. Él quiso contenerse y terminó contagiándose y riendo con ella.

—¡Te reíste! ¡Dos veces! —exclamó orgullosa de su nueva victoria.

Él enseguida enserió y se puso de pie sacudiéndose la tierra, las ramas, evitando mirarla, aunque con todos sus esfuerzos, no logró quitar la sonrisa de su cara.

Le tendió la mano mientras ella acomodaba su vestido y buscaba con la mirada, sin erguirse completamente, sus zapatos. Él encontró uno entre la hierba mientras que el otro, había quedado en el camino.

Seguir andando después de eso no fue tan difícil, aunque era Constanza quien más hablaba de los dos, el camino hasta la parada se hizo demasiado corto y en cuanto llegó el colectivo, llegó la hora de despedirse.

Era momento de volver a casa.

Turucuto: cargar a alguien en la espalda.

¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. He tenido esta historia en el otro blog, antes del cambio, así que voy a ir resubiéndola de a poco en el blog.

Además va con alguna corrección y más prolijito.

Espero la disfruten

¡Un abrazo!

Inktober: Anillo

Anillo

«No abras la puerta que el tiempo se escapa» se decía al cerrar con rapidez la puerta al entrar con provisiones. Una vez al mes lo hacía, ya sólo quedaban ellos dos, no hacía falta más. Emmanuel fue el último en morir y Estela no estaba dispuesta a perder a Enrique.

El avión desapareció de su ruta hacía siete meses. Desde la torre de control y todo el sofisticado equipo que tenían para rastrearlos y para comunicarse con ellos, jamás obtuvieron nada. En cuanto pasaron por el anillo de luces rojas en el cielo, justo arriba de las nubes. Ninguno tenía idea de qué era eso y aunque intentaron esquivarlo, el avión fue atraído a ellos como si tuvieran una fuerza magnética atrayéndolo.

Duró apenas tres minutos, 2:57 según el reloj del Capitán y de buenas a primeras, no sucedió nada fuera lo de común. Los sistemas seguían funcionando, el avión no tenía ninguna falla notoria y todos se encontraban bien, asumiendo que había sido uno de esos conocidos espectros rojos que bien habían visto en teoría, pero eran mucho más raros de ver en práctica… especialmente sin una tormenta cerca.

Pero no era un problema, tan sólo sería una anécdota qué contar cuando estuvieran en tierra o al menos, eso es lo que creían: el combustible en su mayoría había desaparecido como si se lo hubiesen drenado, tan sólo les quedaba lo mínimo como para aterrizar y pedir ayuda. Intentaron contactar ayuda por radio, pero no conseguían señal alguna tan sólo estática. Lo peor es que tenían los minutos contados en el aire y sin comunicación ni un aeropuerto cerca, deberían tomar las medidas de emergencia que correspondieran.

Dieron el anuncio del aterrizaje forzado que tendrían que hacer. Y al estar en tierra nada fue mejor. La radio seguía sin funcionar, no había posibilidad de comunicación con nada. Ni señal telefónica, ni internet… ni un alma en los alrededores.

Los minutos se fueron volviendo horas y con ello, la inquietud de los pasajeros se hizo presente.

******

Dos días llevaban ahí. El pánico ya era parte de sus vidas. La bronca, la rabia y la incertidumbre de no saber qué hacer en un caso así. Mantenían a las personas tranquilas lo más que podían, con todas las comodidades que podían brindarles desde su lugar, que a estas alturas no eran muchas realmente.

Pero el verdadero miedo se apoderó de todos cuando pasó algo previsible: alguien estaba dispuesto a dejar el avión, un hombre alto y bien vestido, de traje negro. Había pasado bastante tiempo tranquilo, aunque con el ceño fruncido, aguantando quién sabe cuántos improperios, hasta que finalmente rompió el voto de silencio que tenía, mandó al carajo a todos: azafatas, pasajeros y hasta al mismo piloto y salió por la puerta del avión.

Apenas cruzó la puerta, su cuerpo se desvaneció en un polvillo oscuro que fue arrastrado por el viento, sin dejar rastros de él. Los que lo vieron, cerraron la puerta como si vieran al diablo fuera, entre gritos y respiraciones agitadas, intentaron explicar lo que había sucedido, sin que nadie les creyera, pensando que el hombre podía haberse caído, que estaría en un punto donde no podían verlo, pero ninguno de aquellos que tan sólo escuchaban el relato eran capaces de aceptar algo como eso: era la locura por estar tanto tiempo varados.

Tres personas más, al saber de ello, se ofrecieron a salir a ayudar al pasajero que podría estar herido, sin embargo, sucedió lo mismo: se desvanecieron en el aire.

******

Cuando Estela supo de la noticia del avión desaparecido, se sintió en shock. Había tantas posibilidades y las que predominaban eran las malas: era posible que jamás volviera a saber de Enrique. Pero era terca, era impulsiva y si por medios oficiales no iban a hacer nada ¡ella se inventaría un método! Podía costeárselo y sin pensar en nada más que eso, emprendió su viaje intentando hallar el avión perdido.

Tardó casi cuatro meses hasta que, en uno de sus vuelos, lo vio. O al menos, lo creyó así. Era un avión como cualquier otro, en medio de la nada, justo cercano a la ruta que seguían ellos ¡tenía que ser!

Aterrizó el helicóptero y su pecho se encogió: se había equivocado. El avión que estaba ahí, parecía estar abandonado desde hacía mucho, quizás diez, veinte años como mínimo. Corroído por el tiempo, el óxido, hasta sus ruedas estaban destrozadas al punto de que ya ni lo sostenían. Se aguantó las ganas de llorar dando una vuelta, sosteniéndose el cabello largo ante el viento que soplaba con fuerza, aun así, no era la suficiente como para arrastrar lejos la tristeza que sentía ella.

No había nadie a su alrededor y quizá, por eso, aprovechó a gritar y desahogarse donde nadie la escuchara ni le reprochara que estaba perdiendo el tiempo, que se ilusionaba por tonterías, que jamás iba a saber nada de él.

Sin embargo, su suerte no era tan mala. En medio de sus lamentos. Una bengala cayó delante de ella. Estela abrió los ojos limpiándose las lágrimas. El olor impregnó su nariz y con nuevas esperanzas cobijando su corazón, se puso de pie y miró detrás de ella y en la ventanilla, lo vio. Y fue como si volviera a vivir después de tantos meses de verlo.

Estela corrió hacia el avión y con algo de esfuerzo, logró abrir la puerta corroída por el tiempo. Ya no se preguntaba cómo había llegado ahí ni por qué no había salido a buscarla ¡nada! Sólo le importaba que estaba con bien y no había absolutamente nada más qué contar al respecto. Ingresó al avión y al volver a abrazarlo, sintió como si el aire volviera a circular por sus venas, como si el tiempo hubiese estado detenido todos esos meses y ahora, justo ahora que volvían a estar juntos, el reloj anduviese una vez más…

******

No podían salir. Los cincuenta y cuatro pasajeros que estaban con ellos habían corrido esa suerte. Entre la desesperación, la claustrofobia e incluso, que todo fuera un simple delirio a causa de su encierro, fueron volviéndose polvo. De uno en uno, de a varios, lo cierto es que de ellos sólo quedaban tres: Rita, Enrique y Emmanuel. De los demás no quedaba nada más que el equipaje.

Con Estela, las esperanzas de Rita de salir de ahí la llenaron. No pensó en cómo sólo vio el helicóptero y deseó con toda su alma subir y no volver a poner un pie sobre un avión de nuevo. Y aunque sus compañeros sabían que no era tan sencillo como ella lo hacía ver, no podían sentirse más felices por ver a alguien más con ellos. Los tres sabían que era una posibilidad muy grande que su vida se viera reducida a los restos de ese avión. El tiempo lo consumió por fuera en casi nada, apenas llevaban unos meses perdidos, sin embargo, lo que estaba en su interior se veía inmunizado a esto, como si lograse permanecer cautivo en el interior del avión. Pero salir… era el verdadero peligro.

Le explicaron esto a Estela, las teorías que tenían, ninguna demasiado cuerda, por decirlo de la manera más suave. Más, ella se preocupó en conseguir provisiones, llevarle lo que necesitaran y pensar en una manera de solucionar eso. Accedieron y la despidieron en la puerta.

Ella se iba y Rita no fue capaz de soportarlo, haciéndolos a un lado y corriendo detrás de Estela, salió del avión. Emmanuel quiso detenerla y tanto Enrique como Estela lo vieron desaparecer en el aire desde su lugar.

Algo en Estela se removió al ver una escena digna de una película de terror, se apoderó de ella y corrió al avión, cerrando la puerta de este y revisando que su esposo estuviera bien. No podía permitir que algo así le pasara a Enrique, no a él, no después de todo lo que había pasado para volver a verlo…

******

Cuando las provisiones se acabaron finalmente, ella tuvo que aceptar partir. Estela tenía miedo, no iba a negarlo, se veía reflejado en sus ojos lo que estaba padeciendo al pensar que él podía sufrir el mismo destino en cuanto ella no estuviera y no podía permitírselo. Se quitó el anillo, ese ridículo anillo con la figura de un avión encima, no le gustaba, pero jamás se lo había quitado desde que él se lo dio tan sólo porque era un regalo de él. y ahora, se lo estaba quitando para entregárselo.

—Volveré por él. No salgas —dijo antes de darle un beso en los labios y salir de ahí antes de arrepentirse de lo que estaba haciendo.

Se apresuró todo lo que pudo y cargó todo lo que podía antes de partir y volver al mismo lugar: los restos del avión.

Con el pasar de los días, se fue haciendo costumbre, Estela ya sólo salía para abastecerlos y nada más. El avión se había convertido en su hogar y con eso, ya llevaban un año viviendo juntos de una manera un tanto peculiar.

Enrique tenía dudas al respecto. Desde que la dejó de ver salir salvo para lo necesario, empezaron sus preocupaciones. Estela ya no trabajaba, salvo en acondicionar el avión en lo que hiciera falta. El agua, la electricidad, lo que necesitaran siendo que era la única que podía salir del vehículo, hasta un jardín hizo fuera para tener frutas y verduras frescas, además, de una bonita vista desde la ventana: su vida se había reducido a eso.

—¿No has pensado que hay más que esto? —le preguntó Enrique una noche mientras veían la luna desde la cabina.

—No, estoy bien así.

No dijeron más al respecto. Ella se acurrucó entre sus brazos y cambió de tema sin querer profundizar más. Ella sabía a donde quería llegar y no se lo iba a permitir.

Al despertar en la mañana, vio el desayuno preparado al lado de su cama, una carta que decía “te amo” y una rosa de papel. Estela se levantó sonriendo tan feliz que no cabía en sí misma, hasta que vio a Enrique en la puerta del avión, entonces, todo se esfumó.

Era lo que él quería. Debía seguir su vida, la de él había terminado. Y aunque tenían días maravillosos, sabía que le estaba arrebatando algo que no iba a recuperar nunca más.

—Te amo —dijo él y ante el grito de ella, intentó correr y alcanzarlo antes de que saltara hacia el exterior y de él no quedara más que una rosa y un anillo con el grabado de un avión.

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Hasta yo me sorprendo de volver a compartir esto. Es un cuento que escribí para el Inktober del 2019, reto que iba a hacer pura y exclusivamente de aviones.

Fue un año de mierda y como escribir de aviones me recordaba a alguien que quería olvidar, lo dejé de lado durante mucho tiempo. Pero, ya no me importa y al leerlo, me di cuenta de que escribí cosas que me encantaron que quiero volver a compartir con ustedes.

Espero que disfrutend de esta historia y de las próximas que subiré.

¡Un abrazo!