Soñando uno de tus sueños

Blog de escritura

Soñando uno de tus sueños

Mundial de escritura: Casa vacía

Casa vacía
Su trabajo era sencillo: ver la casa, limpiarla y dejarla en condiciones para que pudiera ser vendida. No era un trabajo demasiado costoso pues, se veía bien cuidada por fuera y se imaginaba que por dentro no debía variar demasiado en su aspecto. Sacó las llaves y al entrar, comenzó a abrir las ventanas para que el olor a tiempo y a olvido se fueran dispersando de la vivienda. La luz entraba por los ventanales por lo que no le hizo falta encender las luces. La iluminación era preciosa y por medio de una de esas ventanas en una de las habitaciones del fondo, se podía ver un hermoso jardín. El paso del tiempo lo había dejado muy similar a una selva, con enredaderas, árboles y otros arbustos colmando el espacio y adueñándose de él sin quien los guie, pero no dejaba de perder su encanto.

Se sintió satisfecho con eso, empezaba muy bien con tan sólo darle una mirada, así que se dedicaría a ver las cosas que podía dejar en la vivienda y aquellas de las que se iba a deshacer. Empezó por el cuarto que daba al jardín del que sacó mucha ropa de mujer y varios libros, había algunas otras chucherías, pero nada realmente significativo que no pudiera entrar entre las cosas personales. Se tomó su tiempo y fue apilando todo lo que no eran muebles y adornos en diferentes secciones y así, paso cuarto por cuarto hasta que llegó el atardecer y se vio en la última habitación. Era la más oscura, apenas le entraba la luz por la ventana debido a un muro de la casa del vecino, aún así, era la más grande de todas y la más vistosa también. La cama de dos plazas y media estaba en el centro de la habitación junto a dos mesitas de luz de algarrobo de cada lado. Estaba casi seguro de que iba a dejar aquellos muebles. El ropero estaba en un pasillo largo que conducía hacia el baño: era la única habitación que contaba con baño privado. Antes de dedicarse a ver la habitación, fue directo al ropero, sabía muy bien que lo que era ropa debía guardarlo con lo demás, luego, iba viendo objeto por objeto de manera más detallada y separando aquello que podría dejar a modo de decoración y lo que se llevaría. Pero el armario era diferente a todos los demás, por empezar, tenía llave y no estaba a la vista. Buscó en las mesas de luz, en la cama, los joyeros y casi todo lo que había a la vista en la habitación, sentándose en la cama cansado y desilusionado ¿iba a tener que volver otro día para ver qué había en el interior del ropero? Se echó de espaldas en la cama, su espalda agradeció lo mullido del colchón y se quedó mirando al techo, fue entonces que vio la lampara del ventilador de techo, ahí, tenía cuatro adornos en forma de cuenco que estaban mirando hacia arriba y el material opaco, pero que con la luz reflejaba sombras, le decía que ahí dentro había algo guardado. Así, se quitó los zapatos y se paró sobre la cama buscando en el interior y encontró la llave, pequeña y de color bronce, con algo de tierra y telarañas que sopló y quitó con rapidez.

Emocionado y más cerca de terminar, bajó y se apresuró a usar la llave para abrir el ropero. Sintió su corazón palpitar y retumbar los latidos en sus oídos cuando giró la llave. No supo por qué, pero era diferente a las otras habitaciones, había algo diferente, inusual y la curiosidad por saber la razón por la que estaba el ropero con llave pudo más. Quizá había dinero, oro, joyas a precio invaluable, alguna obra de arte, quizá, había algo de valor que había que resguardar de la vista de los demás ¿y si era así? La suerte estaría de su lado y con eso, nunca más iba a tener que volver a hacer un trabajo como éste, se dedicaría a sus pasatiempos, a explorar cosas nuevas ¡a viajar! Había tanto que podía hacer en el camino que más se emocionaba y cuando se dio cuenta, las manos le transpiraban, costándole dar la ultima vuelta de la llave y teniendo que secarse las palmas en el pantalón. El clic de la cerradura lo motivó y abrió las dos puertas ansioso.

Y se desilusionó: no había nada más que ropa en él.

Se sintió estafado y todos los sueños que había ideado en esos segundos que tardó en abrir la puerta se esfumaron como el polvo de la llave que encontró. Movió el tapado que estaba en medio del ropero, asegurándose de que no había nada escondido detrás de eso y sólo se encontró con la pared. Suspiró frustrado y algo tomó su mano. Se aferró fuerte a su muñeca y lo jaló hacia el interior. Él se aferró con su mano libre a la puerta del ropero, haciendo fuerza con sus pies para que no lo absorbiera al interior de él.

—No luches —escuchó detrás de él y vio una máscara deformada, con los ojos sangrantes y una boca ancha, ¡enorme! que casi llegaba de oreja a oreja. Parecía tener una peluca vieja y roída que caía por la frente y a los lados. Él, cuando vio eso, se asustó aún más y su mano resbaló por el miedo y el sudor, finalmente, perdiendo la batalla con la sombra del ropero.

El grito del hombre se escuchó fuerte y se fue perdiendo poco a poco como si se alejara. La misma mano negra que antes lo había sujetado, salió de entre las prendas y cerrando el puño, hizo el pulgar arriba, entonces, las puertas se cerraron. La máscara, que hasta entonces flotaba en frente del ropero, emitió una risa fuerte y profunda y giró tres veces sobre sí misma tan rápido que el cabello se volvió una sola línea de color oscuro y poco a poco, dio forma a un cuerpo humano. Un hombre alto, de unos cuarenta años, vestido de traje negro y con sombrero apareció frente al ropero y cerró la puerta con llave, volviendo a esconderla donde estaba antes. Las cosas que antes había separado el sacrificio volvieron a su lugar como por arte de magia: él controlaba todo en la casa.

—Tardaré más en conseguir el próximo sacrificio, pero pronto, serás libre —le dijo al ropero, apoyando la mano sobre las puertas con una sonrisa confiada y porte elegante.

Salió de la habitación y cerró la casa, caminando por la calle, buscando al siguiente que le haría el favor de ayudarlo a mudarse.

Día 2: escribir un texto en el que ustedes quedan a cargo de cerrar una casa. Puede ser porque la persona que vivía ahí se mudó o se murió, ustedes deciden. ¿Qué sucede con todo lo que hay en su interior? ¿Qué decisiones va a tomar el narrador?
¡Bienvenidos al día dos! Otro texto difícil. No dejaba de asociarlo con algo muy personal y me costó muchísimo arrancar (que para mejor, en el mundial se entusiasmaron con esto de la autorreferencia y las experiencias personales ¡a full!). Así que empecé a escribir muchísimas veces y todas las borré. Después de un café y un poco de aire, salió esta cosa.

Me hubiese gustado escribir un poco más, pero me había excedido en la cantidad de caracteres (son tres mil, podías excederte, pero al final, si el texto era elegido había que recortarlo a cuatro mil y no daba). Así que quizá a futuro, traiga algo más sobre este personaje y sus planes.

¡Un abrazo!

Mundial de escritura: Alma al aire

Odio pelear por tonterías. La gran mayoría de nuestras peleas eran por estupideces y éramos tan tercos que ninguno daba el brazo a torcer. Nos mirábamos fijamente, los dos emputados hasta la médula y en ese duelo de miradas que había entre los dos, entraba ese cariño que nos teníamos y uno de los dos sonreía y nos reíamos y era tema olvidado. No recuerdo ninguno de los temas por los que discutimos, pero sí recuerdo ese momento cuando tus ojos brillaban y te reías a carcajadas o entre risas me decías te amo.

¡Qué felices éramos entonces!

Extraño esos días cuando las cosas simples nos hacían felices y ni nos dábamos cuenta. ¡Te extraño! Y no sé cómo expresarlo sin sentir desmoronarme. Me costaba mucho pensarte sin llorar y durante seis meses completos, no pude ver nada relacionado contigo, escuchaba tu nombre y me largaba a llorar ¡y ni me digas que hable de ti! Era lo peor que me podía pasar porque no había forma de calmarme entre las lágrimas y el nudo en la garganta. Me fui lejos y no volví hasta ahora a la casa ¡está llena de polvo y bichos! Y ahora no puedo gritar para que vengas a ayudarme y sólo me queda estornudar hasta que las alergias se vayan con el recuerdo.

Sé que vine a esta casa a acomodarla y a limpiar, pero siento que vine buscando a alguien que ya no está. Y no sé qué duele más: si ver el paso del tiempo aquí, en lo que fue nuestra vida juntos o que confirmo ahora que ya no estás.

Me siento con fuerza para retomar mi vida, aquí, donde quisimos construirla juntos, donde planeamos el jardín, el estudio, hasta la cocina y la isla donde íbamos a probar ese libro de cocina que nunca logramos poner en práctica.

Vine aquí buscándote, mientras más veo las cajas con cosas tuyas, más me doy cuenta de ello. Vine aquí esperando verte de alguna manera ¿es posible? Mientras guardo tus camisas y cierro las cajas, empiezo a llorar, me seco las lágrimas rápido y me rio, no es el momento de ponerme triste porque ya no estás aquí para evitar que llore o consolarme. Y aunque no estés, quiero despedirme correctamente, por eso esperaba encontrarte, quería decirte adiós de manera apropiada.

He empezado a redecorar aquel galpón viejo que queríamos comprar los dos. Lo compré, está a medio camino todavía de cumplirse en la cafetería que queríamos hacer, pero poco a poco va tomando forma. Jaime me ayudará con la estructura, para darle ese aspecto más de cafetería de los ’70, como vos querías. Yo he pintado las paredes, te dejo la foto para que la veas. Creo que si estuvieses aquí estarías loco de la alegría.

Quiero que sepas que no ha sido fácil, que me he caído y me he levantado tantas veces que no sé cómo contarlas; que te he extrañado a mares y que todavía escucho tus audios. No quiero olvidarme del tono de tu voz, me aterra pensar que un día vas a desaparecer por completo de mi mente y de mi vida. Y no quiero eso, quiero ser capaz de vivir con tu recuerdo y con tu ausencia ¡no quiero olvidarte! Quiero ser capaz de recordarte y que no me duelas, de estar en paz con esta ausencia que quema.

Quiero ser capaz de vivir sin ti sin que me duela. Es difícil, pero creo que he empezado a hacerlo. Voy a ser feliz, a cumplir nuestros sueños y a emprender los míos de nuevo. Sé que tengo tanto por hacer y quiero que lo sepas: estaré bien, te extrañaré siempre, te pensaré siempre y quizá, cuando vuelva a abrir estas cajas y vea tu foto, pueda mostrarte una sonrisa sincera, sin lágrimas y con los recuerdos más bonitos de todo lo que vivimos; con el tiempo por delante; con todo mi amor para abrazarte.

Quiero que sepas voy a ser feliz y algún día, te volveré a ver y a contarte lo feliz que fui. Hasta eso, espero que tengas tantas aventuras para contarme como yo las tendré para ti.

Por siempre tuya, Miriam.


Índice
Día 1: escribir un mail que no enviarían, ya sea por una imposibilidad real, por vergüenza o porque no pueden llegar a esa persona. En lo que dicen se juega algo que no se animan a decir: una confesión, un secreto o lo que se les ocurra.
¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Me uní a principio de mes al Mundial de escritura y este fue el primer día de participación. Daban una idea de la que había que partir (no es obligatorio, pero suma puntos al final del juego) y escribir al menos, tres mil caracteres. He contado palabras, pero empezar a fijarme cuantas letras y espacios hay en el texto fue algo nuevo para mí, que sólo miro ocasionalmente la barrita del contador de palabras de Word y ¡a pelarse!

Hay días que me costaron mucho más que otros. Empezar por este fue el peor de todos, al final, recurrí a un personaje ficticio que si era yo la que hablaba... ¡uff! Hice otras dos cartas que termine borrando y finalmente, me quedé con Miriam.

Espero lo hayan disfrutado y seguiré compartiendo mis avances de este juego.

¡Un abrazo!

Diez besos

Diez besos
Primer beso Beso de amor
Beso apasionado Beso robado
Beso seductor Beso accidental
Beso borracho Beso de despedida

La tristeza del violín

La tristeza del violín
El violín esconde un alma triste, una tristeza recurrente con tintas de vocación. Quizás, también sea una persona triste de vocación al verme fascinado por este instrumento. Creo que con la tristeza viene la sabiduría; hemos vivido, dado todo; amado, perdido; hemos creído en alguien y perdido la confianza.

La tristeza está llena de experiencias.

La tristeza está llena de fracasos.

La tristeza está llena de días felices que se fueron. El arco del violín lo sabe, lo intuye y al apretar los dedos contra las cuerdas y el diapasón, la armonía menor que sale de sus cuerdas lo confirma. Confirma en un lastimero sonido su tristeza.

Cualquier escala menor da tristeza, pero en mi violín, hasta la escala mayor se deprime sin vergüenza.

Aprieto más la mentonera contra mí y lo dejo llorar mis penas en una improvisada sucesión de notas.

El crepitar de la madera en la chimenea suena como primera voz. Tibio, retraído, explotando chispas como si nos pusiéramos de acuerdo.

El violín tiene vocación de triste porque compone con el corazón roto y aunque el arco simule una sonrisa, la tristeza se palpa en su voz como atragantada por las lágrimas. Duele en el tablón, las costillas, el puente y el afinador. Retumba y explota en una última vibración.

Tal vez será su voz. Tal vez, será la mía. Tal vez, es sólo mi alma que se esconde entre sus cuerdas. El violín tiene vocación de incomprendido, ambos tenemos almas de solitarias.

Hecho un leño nuevo al fuego, el violín al cuello empieza a llorar en la noche helada y mientras rasgo sus cuerdas con la suavidad de las yemas. Para la tristeza basta un poco de empatía, y la suya y la mía son parecidas.

El violín tiene vocación de triste porque compartimos la tristeza.