Soñando uno de tus sueños

Blog de escritura

Soñando uno de tus sueños

Angstcember: En esa canción

En esa canción

En otros ojos he encontrado tu mirada; en otras voces he encontrado tus palabras y en esa canción, en esa maldita canción, me enfrenté con tu alma.

No me toques que se me quiebran las esperanzas; no me mires cuando me caigo de la cama; no me hables cuando pienso que ya no hay mañana.

No me busques porque no quiero encontrarte.

La lluvia se levanta en puño y aletea el corazón en las alas del zorzal. Entre el brillo y el espanto arranco tus ojos de mis vidas pasadas.

Chilla el río entre recuerdos; sopla el viento entre remansos. Pinto el pasado de humedad. Y cuando se muera el mesías de los sueños y sólo queden rincones supurando tu veneno, me sentaré en la tarde jugando a la ruleta, con los colores del azar el pasado teñirá sus miedos. Y entonces, no volveré a recordar.

Reto: Toque - «No me toques».

¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Les conté que participaba en Angstcember y aquí les comparto otro día más.

Si bien, llevo algunos días atrasados, pienso escribir a lo loco hoy así termino y de paso, comparto todo aquí por el blog.

Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!

El cielo a mi favor - Capítulo 1

Capítulo 1 Primer contacto

Había sido muy repentino y un poco de estupidez de la muchacha cuando subió a la copa del árbol para ver mejor el mundo a su alrededor. Nunca pensó que la rama en donde estaba parada fuera a romperse y ella fuera a caer sin remedio al suelo. Tal y como estaba disfrazada, porque Fuyuki había ingresado a la aldea de incógnito, la falda había quedado levantada al caer al suelo dejando su trasero a la vista de todos. O bien, en su caso a uno de los pocos transeúntes que andaban por ese camino: el Hokage.

Fuyuki se bajó la falda rápidamente y lo vio a él tan parsimonioso y hasta atrevido le resultó, poniéndose de pie y señalándolo con él dedo.

—Sé que viste todo, así que ahora, deberás pagar peaje —le dijo la muchacha dejando atónito a Kakashi que hasta había perdido la página que iba leyendo de su libro.

—Te equivocas, yo…

—Sé que las viste, son azul cielo de encaje y con lazos —insistió ella sin dejarlo defenderse en lo absoluto— si hasta te has sonrojado.

—Tienes un bonito trasero, es normal que…

—¡Ajá! —Exclamó eufórica— sabía que sólo te estabas haciendo el desentendido.

Kakashi no sabía que decir, no es como que en ese momento se le ocurriera una buena forma de salir bien parado de ahí. Intentó negarlo y le salió el tiro por la culata, así que sólo respiró resignado y cuando vio la expresión de la muchacha cambiar a una sonrisa, no supo si sentirse aliviado o preocuparse más todavía.

—Hoy es el festival de fuegos artificiales y me acompañaras —dijo complacida— es mi primer año estando sola. No quiero recibir así el nuevo año —siguió hablando ya un poco más calmada de lo que había estado antes— así que podemos olvidarnos de esto fácilmente y pasar la noche juntos, Hokage-sama.

—Pero yo no tenía pensado ir al festival.

—Pues, ahora irá —insistió ella tan segura de ganar como estaba Kakashi de no ir.

—No.

—Sí.

—No —repitió él.

—Hagamos una carrera. Si me gana, se ahorrará esto y no tendrá que acompañarme —sugirió ella sabiendo que la pelea verbal iba a durar para siempre.

—¿Hasta dónde?

—Hasta allá, justo donde empiezan las escaleras —señaló al frente extendiendo el brazo.

—Ah, donde está la mariposa.

—No, en las escaleras.

—Pero tu dedo está señalando la mariposa —remarcó él haciendo que un tic le apareciera justo en la ceja— oh, mira, ya gané —dijo viendo la mariposa posarse sobre su libro. ¿Podía alguien ser tan meticuloso e irritante?

Sí, se podía.

—¡Hasta las escaleras!

—Ah, lo tendrías que haber dicho desde el comienzo —guardó su libro viendo a la mariposa volar lejos, para luego acabar cerrando sus ojos. A pesar de que no se veía su rostro por la máscara, podía intuir debajo de ella, una expresión amable por la expresión de sus ojos— pero como ya gané, elegiré mi premio.

Aunque simplemente, Fuyuki estaba perdiendo la paciencia. Pero parecía que él se estaba divirtiendo haciendo el tonto y no sabía exactamente cómo tomar eso. Lo que sí supo es que posiblemente, su plan se hubiese visto totalmente cambiado para poder llegar a cumplir su objetivo. Sin mucho qué hacer, debería darle la vuelta y darle alguna señal a Mochizuki para que abandonara la misión rápidamente.

Pensando y pensando, no se dio cuenta cuando el Hokage se detuvo y la miró por sobre el hombro preguntándole si no iba a acompañarla al festival, deberían buscar un lugar más alejado para pasarlo juntos, pero ¡él había aceptado! Ya con eso, daba por cierto que todo iría de acuerdo a lo planeado.

Con la confianza que tenía la joven, tomó del brazo al Hokage y comenzó a andar con él rumbo al centro que es donde se celebraría el año nuevo. Sabía exactamente qué las cosas iban a sucederse de ese modo que ya tenía estudiada la situación y muy bien actuado su guion, principalmente, para estar con el líder de la aldea. Fuyuki tenía planes que poner en marcha, pero había arrancado con buen pie de momento.

Se presentó bajó el nombre de Ito Hazuki. Su historia era precisamente, que al perder a su padre, estaba buscando un lugar más pequeño al que mudarse y había ido a ver los pisos de la zona antes del festival. Nada más lejos de la Fuyuki real, pero siempre estaba dispuesta a dar una buena actuación para conseguir sus fines y eso a veces requería que se hiciera pasar por alguien más, hablando mal y pronto, era una mentirosa profesional.

Fuyuki, o momentáneamente, Hazuki, iba a disfrutar de su primera noche con el Hokage, con el año viejo yéndose y el nuevo llegando, sin saber que aun con el plan más elaborado que pudiera imaginar y componer con su secuaz, siempre, habría algo que podía fallar.

Capítulo 2

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que estén de maravillas. ¡Finalmente traigo el primer capítulo! Así que voy subiendo de a poquito toda la historia. Por lo menos, habrá un dibujo por cada capítulo, así que verán novedades por aquí ;)

Espero lo disfruten una vez más.

¡Un abrazo!

Siete pecados: Sexto

Sexto

Abrió los ojos con modorra al sentir el peso extra en su espalda. Su esposa estaba encima de él jalándole suavemente un mechón de su cabello intentando que despertara. Sopló su aliento en la nuca y él se removió con un escalofrío en el cuerpo emitiendo un leve gruñido.

—¿No tienes otra forma de despertarme que poniendo todo tu peso encima? —Movió la cabeza de lado e intentó verla por el rabillo del ojo. Su cabello largo caía por encima de su hombro haciéndole cosquillas cuando ella se movía.

—Llevo rato intentando despertarte por otros medios, pero recién reaccionas.

Kakashi respiró profundamente y cerró los ojos volviendo a acomodarse en la postura anterior. Ella seguía encima de él y ni eso iba a importarle con tal de seguir durmiendo. Estaba cansado y pensar en que tenía trabajo por delante no le hacía nada de gracia: quería volver a dormir.

—Cinco minutos más.

—¡Ah, no! Tus cinco minutos pueden durar horas y horas. Tienes que levantarte.

Él alzó los hombros sin hacer ningún otro movimiento por lo que Fuyuki optó por algo más radical. Corrió su cabello de encima y le dio un mordisco en el hombro haciendo que él volteara y ella cayera de lado en la cama. Kakashi giró hacia ella y la aprisionó entre sus brazos respirando profundo el perfume de su cabello como si se relajara con ello y volvió a cerrar los ojos una vez más.

—Duerme conmigo cinco minutos —le pidió sin dejar que se moviera de su lugar.

—Pero llegarás tarde.

—Soy el Hokage, puedo cambiar el horario.

—Nada de eso —dijo ella arrimándose a su pecho— tienes que llegar a tiempo. Siempre te quejas de que yo hago trampa, así que ahora te toca a ti ponerlo en práctica.

Kakashi se quejó y la abrazó con fuerza. ¡Justo ahora se le daba por ser correcta y seguir las normas! Justo cuando él quería romperlas y dormir un poco más sin ningún tipo de preocupación más que levantarse y desayunar… en un par de horas.

—Me gustas más cuando quieres quedarte en la cama y no dejarme ir. ¿Dónde ha quedado esa Fuyuki? Quiero llamarla y que te reemplace —bromeó recibiendo un nuevo mordisco de parte de ella.

—Hoy es un día importante ¿recuerdas que hoy asumirá Naruto como Hokage? No puedes llegar tarde a la ceremonia. Mañana ya dormirás todo el día. Hoy ¡arriba! —exclamó zafándose de los brazos de su esposo cuando él la atrapó de la muñeca y la tiró de nuevo a la cama con él.

Su esposa se acomodó entre sus brazos mientras él la observaba con una expresión de cansancio y las marcas de las ojeras debajo de sus ojos.

—Tú también ¿no?

—¿Eh?

—También dejarás el puesto. ¿O serás asistente de Naruto?

Fuyuki no pudo más que reírse ante la preocupación que tenía él en ese momento. Lo abrazó y lo besó tiernamente sin perder la sonrisa que le había provocado con esa inquietud. Él, por el contrario, no le encontraba nada de gracioso a eso, estaba hablando muy seriamente acerca de su futuro laboral y la idea de que ella trabajara para otro hombre y compartiera gran parte del día con él no le gustaba en lo absoluto. Lo había pensado mucho en los últimos días, pero no habló con ella hasta ese momento. Daba por hecho de que renunciaría, pero era Fuyuki, dar por hecho algo con ella era sumamente arriesgado considerando lo impredecible que podía ser ocasiones.

—Yo soy la asistente del sexto. Mi trabajo termina cuando él deje el puesto —Fuyuki entrelazó una de sus manos con las de él y con la otra, golpeó su nariz juguetonamente— estás celoso —canturreó entre risas.

—No lo estoy.

—Preocupado porque pueda ser la asistente de Naruto, estas celosito —siguió diciendo sin perder contacto visual con él.

—No son celos —se defendió él sintiendo las mejillas acaloradas: se estaba sonrojando lo que Fuyuki no tardó en usar a su favor— es una sana preocupación por el futuro laboral de mi mujer.

—Son celos, cariño —se sentó y acomodó su cabello llevando su dedo índice a su barbilla con expresión pensativa— aunque quizás… —Kakashi abrió los ojos mirando la espalda de su mujer, las ansias se habían apoderado de él en momento en que ella empezó a cavilar opciones ¡eso nunca era bueno con ella! —Quizás debería trabajar para él. Seguro sí es puntual y no es un maniático de la perfección y los números exactos.

Ella comenzó a caminar fuera de la habitación siguiendo su monólogo de lo que sería trabajar con Naruto cuando sintió los brazos alrededor de la cintura.

Fuyuki sonrió triunfal.

—No dejaré que trabajes para él. Todavía soy Hokage, puedo hacer un decreto que lo prohíba.

—¿Llegarías tan lejos para que no trabaje con él? —Volteó a verlo con una sonrisa burlona en sus labios— esos son celos.

—No son celos —siguió terco a admitir que en realidad, estaba celoso de ello y que no iba a permitirlo, Fuyuki comenzó a trabajar con él para pasar más tiempo a su lado, no iba a dejar que alguien más arrebatase ese tiempo de sus manos. Ella, lejos de seguirlo molestando, se echó a reír parándose de puntitas y dándole un beso. Kakashi quedó totalmente perdido ante su reacción.

—No trabajaré para él, sólo quería que te levantaras ¡Y sí que funcionó! Te pondré celoso más seguido —se rio guiñándolo el ojo y dándole un suave beso en los labios dejando a Kakashi con los hombros caídos y los ojos bien abiertos viendo a su mujer dirigirse a la cocina— apresúrate a cambiarte o no desayunaras —le dijo y vio a sus hijos salir de la habitación con la modorra del recién levantado hacia el baño. Se rio con las manos en la cintura, no podían negar que habían salido a su padre.

Kakashi sonrió finalmente rascándose la nuca, volviendo a la habitación. Fuyuki siempre conseguía lo que quería y esta vez no había sido la excepción.

—Me lo cobraré luego —dijo él bostezando, con ganas de volver a la cama, casi que pensaba acostarse mientras ella hacía el desayuno ¡Y no tuvo suerte! Apenas lo pensó cuando sintió a su esposa detrás de él llevándolo a empujones a la habitación— ¿acaso lees la mente? —se quejó con miedo a pensar otra cosa y que ella se le adelantara y acabara por detenerlo de nuevo.

—Algo así —respondió— te conozco muy bien— y él apenas lo oyó, volteó tomándola de las muñecas y atrayéndola contra su pecho, dándole un fogoso beso en los labios. Su esposa quedó sin respiración en ese instante en que sus labios se movían encima de los suyos.

—¿Viste venir eso? —susurró a escasos centímetros, fundiendo su aliento en ella. Fuyuki se lo quedó mirando con la sorpresa dibujada en su rostro mientras se mordía el labio inferior manteniendo la sonrisa, no podía negar que la había tomado por sorpresa y que, si no tuviera la ceremonia, se le habría tirado encima.

Volteó y lo miró por sobre el hombro cuando Kakashi tomó su mano y entrelazó sus dedos con ella atrayéndola hasta acortar toda distancia entre ambos. Él pasó sus manos por la espalda y las detuvo en su cintura sonriendo triunfal ante ella.

—No escaparás así, Kakashi-kun. Así me abraces —contuvo un suspiro al tiempo que él besaba su cuello. Ella cerró los ojos— ni con tus besos o con… —no pudo contenerse y acabó correspondiendo sus besos y acorralándolo contra la pared.

El frío del muro en la espalda le produjo un leve temblor. Kakashi siguió levantándola de la cintura y llevándola a la habitación. La recostó en la cama subiendo la mano debajo de la blusa de Fuyuki yendo directo a sus senos mientras bajaba con sus labios por el cuello de su mujer cuando escuchó a Anzu gritar porque la comida se quemaba entrando a la habitación e interrumpiendo a sus padres que se incorporaron de la cama y actuaron como si nada en un santiamén.

Kakashi se rascó la cabeza mientras Fuyuki arreglaba su blusa con una sonrisa en los labios, conteniendo sus ganas de reír en ese instante.

—Sí, yo iré a ver —dijo Fuyuki dándole un beso en la mejilla— tú vístete.

Y tuvo que resignarse a asentir y ver a su esposa marcharse con su hija a la cocina. Se frotó el hombro derecho y fue a darse una ducha. Ese iba a ser su último día como Hokage, finalmente, dejaría el puesto a Naruto después de tantos años en el puesto. Iba a poder dedicarle más tiempo a su familia e iba a dejar el aburrido papeleo.

—Kakashi-kun, los niños te esperan para desayunar —dijo Fuyuki al volver y verlo salir secándose el cabello.

—Fuyuki-chan —él la abrazó y le dio un beso en el cuello— se cumplirá tu deseo.

—Mi deseo se cumplió hace años. Parte fue cuando te conocí —le dio un beso en la mejilla— y cuando te volviste mi novio —le dio otro beso— luego cuando quedé embarazada.

—Te aterradores en ese momento.

—Eso fue al principio. Amo a los niños.

—Lo sé —dijo dándole un corto beso en los labios.

—Y te amo a ti. Y amo cada minuto que pasó contigo y que tú seas lo primero que vea en la mañana seas tú y que seas lo último que vea al dormir.

—Estás loca por mí ¿No?

—Y eso te encanta —se rio sonoramente y él la levantó del suelo cuando ella lo mordió en el cuello— vístete. Si no llegas a tiempo a la ceremonia, no vas a tener suerte conmigo.

Su cabeza cayó al frente y la dejó en el suelo de nuevo buscando su haori y sombrero antes de ir a comer y cerrar esa etapa de su vida, volver a ser un ninja común y corriente y sobre todo, disfrutar de su familia.

Lujuria
Reto: Pereza

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. De a poquito voy subiendo los siete pecados ¡Ya faltan menos! Y éste es el que más me ha gustado desarrollar. Ha sido muy divertido poner a Kakashi en esta situación (siempre es genial ponerlo incómodo).

Espero que lo hayan disfrutado

¡Un abrazo!

Angstcember: Si el sol se apaga

Si el sol se apaga
El siguiente contenido presenta material explítico, sexual y/o violento no apto para menores de 18 años o personas sensibles.

Apenas entró a la habitación, ella se escondió detrás de la cama, justo hacia donde daba la ventana. Morgan la vio cubrirse la cabeza y esconder su mirada contra sus rodillas. Kysa estaba mal desde que la habían rescatado y él se sentía un completo inútil por no poder hacer nada por ella.

Aunque le había contado algo de todo lo que había pasado y los médicos confirmaron otros tantos detalles cuando curaron todas las heridas de su cuerpo, no había ninguna de las de su alma que pudieran ser sanadas. Él, podía entenderla hasta cierto punto. Cuando perdió su pierna, todo su mundo se vino abajo, incluso, desde mucho antes. La muerte, la guerra, las personas que él debía asesinar por sus misiones. La visión de la explosión se repetía una y otra vez en su cabeza sin importar donde estuviera y el dolor de su muñón le recordaba que había sido real y que jamás se iba a liberar del fantasma de la guerra.

Cojeando, caminó hasta donde ella estaba, apoyó la mano en el colchón y se sentó en el suelo, acomodando su prótesis con su mano para estar más cómodo. Luego, la rodeó con su brazo y ella saltó como si la hubiese golpeado. No fue hasta que vio que Morgan estaba frente a ella que se quebró, temblando, dejó que él la abrazara y lloró en su pecho hasta que se quedó dormida.

Tranquilo, pero con los ojos llenos de lágrimas por no poder hacer nada, se movió un poco, sacando el teléfono de su bolsillo y llamando a Jack para que fuera a la casa y lo ayudara. Él no podía ponerse de pie por su cuenta y no quería despertar a Kysa, así que sólo esperó. De todas formas, tenía que ir esa tarde a verlos.

Él necesitaba ayuda porque no podía con ello solo. No podía ver cómo ella se iba deteriorando día con día y que todo la alteraba. No quería ni imaginar todo lo que pasaba por su cabeza. Por momentos, la veía y se reprochaba haberla metido en su vida. De no haber sido por él y su estúpida forma de actuar, posiblemente, ella no habría sido secuestrada, torturada y destrozada de esa manera. Él soportaba todo, no le importaba. De verdad, era una persona que hablaba sin filtros, que insultaba y se burlaba de los demás porque él había aprendido a soportar todo. No le importaba que le hicieran daño a él, no creía que pudieran romperlo más de lo que estaba. Pero el sujeto que se la había llevado, lo consiguió porque había herido a la persona que más le importaba en la vida.

Bajó la vista y se limpió las lagrimas con el dorso de la mano y vio el vendaje en la pierna derecha, donde le habían arrancado la piel y todavía, no sanaba. Él entró a la casa y llegó hasta el baño, donde la tenían esposa a la bañera cuando todavía la herida estaba fresca, cuando caía la sangre y podía ver a la perfección la profundidad de la herida, casi en el musculo mientras ella sólo tenía la mirada perdida y no reaccionaba. No había forma de que lo viera, sólo estaba ahí, como si fuera un cascaron vacío. Con un nudo en la garganta, la apretó más contra su pecho. Lamentaba no haberla encontrado más antes de que sufriera todo eso, tanto lo que él sabía cómo aquello que no le había contado todavía.

Morgan sabía que jamás expiaría su pecado. Jamás dejaría de culparse por haberla conocido y por haberla perdido de esta manera.

******

Después de que Jack llegó, Kysa durmió en la cama. La ventana quedaba abierta debido a sus miedos de quedar encerrada, lo mismo, la luz del pasillo. No podían cerrar la puerta porque ella se estresaba y empezaban los ataques de pánico y todavía, estaban en la tarea de ampliar el baño para hacerla sentir más cómoda. Desde que había llegado tener que entrar a esa habitación era una tarea casi imposible. Por ahora, Morgan sólo había puesto cortinas oscuras en la bañera para que ella no la viera al usarlo. Hacía todo lo que podía para mantenerla cómoda y que poco a poco pudiera volver a la normalidad, a readaptarse al mundo. Sin embargo, cada día era más difícil que el anterior.

La terapia no servía. Hasta ahora, poco hablaba y más se dedicaba a llorar y a tener ataques por los episodios que se repetían en su cabeza. El encierro tampoco ayudaba. La primera vez que fue con el psicólogo, Kysa tuvo una crisis apenas cerró la puerta y Morgan la dejó sola con el profesional. Las siguientes sesiones habían sido iguales, hasta que dejaron de ir. Jack había sugerido el psiquiatra en su última visita. Sólo necesitaba encontrar a alguien que pudiera acceder a ciertas condiciones. Morgan no estaba dispuesto a repetir los mismos errores y hasta que ella no se sintiera bien, no la forzaría. Sin embargo, él estaba tan al límite como ella.

Los días pasaban y pasaban y sólo veía la carcaza de lo que alguna vez había sido la mujer que amaba. El miedo, los gritos, el silencio, la tristeza que se respiraba en el ambiente como si fuera la única forma de vivir. Eso también lo iba consumiendo a él y poco a poco, sacaba a flote todas esas imágenes que con el tiempo y esfuerzo había logrado olvidar.

Los dos caerían al vacío y nadie los detendría.

******

Por la noche, preparó la comida y la llevó hasta la habitación. Había hecho albóndigas con pure con manteca, el favorito de ella. Él esperaba que al menos, eso lograra sacarle una mueca de sonrisa, algo, lo que sea. Morgan estaba desesperado por obtener una mínima respuesta. Sin embargo, al llegar, sólo vio sangre. Los brazos de Kysa estaban cortados y las sábanas manchadas con su sangre. Las venas habían sido rebanadas a lo largo y ancho, incluso, había visto la mayor cantidad de sangre salir de la axila, la arteria humeral era la causante de todo. Él lo sabía, ella era doctora, podía buscar con precisión dónde y cómo cortar para acabar con todo, nunca pensó que fuera capaz de ello. Y al ver la cantidad de heridas que se había hecho, finas, superficiales, pensó que sólo lo hizo con el fin de sufrir.

Mientras caminaba hasta la cama y llegaba hasta ella, levantándola entre sus brazos, Morgan finalmente se quebró. No le quedaba nada por lo que seguir y tampoco había sido suficiente para salvar a la única persona que le importaba. Era un mar de lágrimas y frustración. Un dolor que se reproducía en todo su cuerpo como si las heridas de ella fueran propias. Gritó y hundió su cabeza contra su cuerpo frío y pegajoso por la sangre que empapaba todo. Y entonces, algo hizo clic en él y vio todo claro.

Acomodó a Kysa en la cama y luego, salió cojeando de la habitación. Agarró todas las botellas de alcohol que pudo y roció la casa con ello. Lanzó un fósforo y un par de cortinas viejas para avivar las llamas. Así, fue dejando tirada la ropa de los dos al lado de las llamas. Cuanto más rápido ardiera, mejor.

El humo fue apoderándose de la casa y finalmente, él llegó a la habitación. Se acostó al lado de ella con el cuchillo que Kysa había usado para acabar con todo y repitiendo los patrones. Él hizo lo mismo: se cortó y la abrazó, cerrando los ojos esperando que la muerte llegara.

De una vez y para siempre.

Reto: Secuestro - Opción 2) Encuentra a persona A vivo, pero está herido física y mentalmente. B siente dolor al ver a A en ese estado; alejándose de las personas, saltando ante cualquier ruido o movimiento, temiendo estar solo.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Participo del Angstcember, un reto que consiste escribir fics o historias originales en los que reine la angustia y sea la que se salga con la suya. En sí, el reto es para hacer catarsis y que sirva de terapia, yo la estoy pasando bomba con esto.

Me he dado el gusto de matar a muchos personajes xD y hacerlos sufrir de manera intensa ¡Y Morgan no iba a escapar de ello! Amo a este hombre, pero aprovechando el cuento, me doy el lujo de hacer lo que quiera aquí porque no es canon (hagan de cuenta que esto es un universo alterno)(?). Así que pueden quedarse tranquilos los fans de él y Kysa que en la novela seguirán juntos luchando contra el mal.

Pero siempre podrán volver aquí cuando quieran algo angst (?)

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

52 retos: El valor que tenía

El valor que tenía

Dinero, era todo lo que a él le interesaba. Cuando hablaban de las cosas que le gustaban, cuando ella quería estar cerca suyo, todo se reducía a dinero, a lo que pudiera comprar, a lo cualquier objeto material que ella pudiera tener.

—Mi tiempo es demasiado valioso para una cita. Elige algo —recordaba esas palabras que él le había dicho, dándole vía libre para que comprara lo que quisiera con su dinero, sin importar el precio. Y ella sólo quería un poco de tiempo con él.

—Gracias, lo pensaré —fue su respuesta y nunca sacó el tema de nuevo. Él prometió comprarle lo que sea, pero ella nunca pidió nada.

Lo único que quería era tiempo; lo único que le ofrecía era dinero.

Ella supo siempre que nunca habría amor, su familia la había vendido para pagar sus deudas y él ni siquiera había aparecido en su noche de bodas. Pero tenía esperanzas y a veces, le dirigía la palabra y su mundo parecía diferente. Pero era tan efímero como el parpadeo de la luz de las luciérnagas en la noche.

La sociedad era cruel con ella: nunca dejó de ser la hija inútil que sólo sirvió para casarse. Su esposo nunca estaba con ella en las reuniones sociales, así que era ignorada por los que podrían ser sus compañeros o amigos. Lentamente, ella fue aislada de todo, pero seguía firme, cumpliendo con sus deberes como esposa, como duquesa, aunque quería desaparecer.

El pecho le pesaba y respirar le costaba, veía a su familia acercarse y ella debía saludar cumpliendo el protocolo, actuando como si todo estuviera bien cuando en realidad, se estaba asfixiando. Sola, bajo las miradas que la juzgaban y la condenaban sin haber hecho otra cosa que estar ahí; haber nacido en la familia equivocada; tener mala suerte; ser castigada por los dioses. No sabía a quién atribuirlo, no había nada que pudiera decir: esto fue por su culpa. Ella sólo se llenaba de esos pensamientos y rumores que corrían: sólo sirves para eso.

—Sin tu familia, no serías nadie.

—Jamás habrías conseguido nada.

—Siempre serás una mujer inútil y sin valor.

Frases como esa siempre habían llegado a sus oídos, desde su familia, su hermano mayor siempre había sido bendecido con los mejores dotes y halagos y ella, había quedado esperando, al ser mujer, no tenía nada a lo que apuntar. Salvo cuando tuvo la oportunidad de casarse y ni siquiera eso le sirvió.

Aina se sintió mal. Era la anfitriona de la fiesta, pero debía hacerlo sola, sin nadie que la ayudara o que la apoyara, hasta los mismos sirvientes de la casa estaban en su contra ¿qué importaba si ella no salía a dar la cara? Nadie iba a extrañarla.

Nadie iba a notar que ella no estaba.

Se dirigió a su habitación sin prestar atención a las sirvientas que llevaban su vestido y zapatos para hacer el cambio de ropa antes de la medianoche. Era común contar con dos o tres cambios de ropas en las fiestas, pero no le importó. Ignoró a todos y se echó en la cama. Quiso cerrar los ojos y no saber nada más de aquella vida que no traía nada bueno a ella. Hasta que su suegra entró a su habitación.

—Madre, no me siento bien —fue su excusa, pero aquella mujer no la quería y nunca había dudado en ocultarlo, salvo cuando estaba su hijo en frente y como no estaba juntos seguido, tenía total libertad para barrer el suelo con ella.

—Los invitados pronto empezaran a llegar y no estás arreglada.

—No asistiré —dijo Aina sin ganas y entonces, los ojos de la mujer se volvieron más fieros y oscuros. Aina tembló en la cama, pero seguía firme en no querer salir. Ya se sentía terrible como para salir y sentirse el doble de mal.

Hubo un largo silencio, podía sentir el aura nociva de aquella mujer que le dificultaba estar, respirar en su presencia. La miró con el corazón latiendo a mil por hora y un dolor en el pecho tan intenso que parecía que iba a partírsele el corazón.

—Está bien, no asistirás —dijo y casi sonó a un alivio para Aina de no ser porque la tomó de la muñeca y la jaló fuera de la habitación, llevándola a rastras por el pasillo, sin importarle si lastimaba o no a su nuera.

Aina pidió un par de veces que la soltara o le diera una explicación, pero no obtuvo nada. No gritó ni pidió ayuda. Sabía que no había ni una sola persona en esa casa que estuviera de su lado, así que sólo siguió hasta que se detuvieron frente a una puerta. La mujer entró y encendió una luz de una vela y luego, empujó a Aina dentro, cerrando la puerta. Entonces, ella se dio cuenta de donde estaba: era el cuarto de castigo de los sirvientes. Un pequeño cuarto sin ventilación ni más luces que esa vela que estaba en la pared.

Desesperada e hiperventilando, golpeó la puerta, araño la hendidura de la cerradura intentando abrirla. Estaba asfixiándose y el encierro le hacía mal: no soportaba los lugares pequeños. Toda su vida la había pasado así, siempre había sido perfecta, pero su madre y su tutora siempre le encontraban defectos y sufría los castigos: Aina le tenía un terrible miedo al encierro y a la oscuridad. Y en cuanto estuvo ahí, comenzó a gritar. La poca calma que tenía de antes, se esfumó en ese instante.

Gritó, lloró, suplicó, pero nadie fue a verla a pesar de que los gritos hacían eco en el pasillo. La fiesta estaba en el anexo exterior, así con la música y la gente, nadie la escucharía, pero aún tenía esperanza de que alguno de los sirvientes pasara y la sacara. Que su esposo…

Cayó al suelo después de varias horas, cansada, con las manos lastimadas, las uñas cortajeadas por sus intentos de abrir la puerta, con algunos cortes y tajos que sangraban manchando sus manos y sus finas ropas.

—Alguien… —suplicó en silencio, con la garganta rasposa y sin fuerzas para seguir gritando y pidiendo ayuda.

No supo cuánto tiempo pasó de eso. La puerta se abrió tras horas o minutos, Aina ya no sabía diferenciar uno de otro en ese instante, sólo quería correr fuera, aunque el cuerpo no le diera para nada.

Se puso de pie en cuanto su madre la dejó salir y caminó hacia su habitación con paso zigzagueante. Quería llegar rápido a su habitación y sentirse segura ahí, lejos de todo. Veía la luz del día entrar por la ventana y su desilusión fue mayor todavía al saber que nadie la había buscado al notar su ausencia en la fiesta. Tal y como ella lo pensó: nadie la echaría en falta en la fiesta, hasta la habrían pasado mejor sin ella fisgoneando a los alrededores.

Cansada, adolorida y con una angustia enorme palpitándole en el pecho, se cambió los zapatos por unos más cómodos, agarró su bolso y vació el joyero dentro de él. Entonces, salió de la habitación y se fue por la puerta principal como un fantasma que nadie vería, nadie sabría que se iba. Buscó unos vendajes y se cubrió las manos con ellos y luego, se puso los guantes encima. Nadie sabría qué es lo que le pasaba.

Miró el pasillo y comenzó a caminar y como nunca, se encontró a su esposo muy cerca de la puerta.

—¿Vas a salir? ¿No te sentías mal?

—Estoy mejor ahora —mintió ella y bajó la mirada. No se había visto en el espejo, su rostro debía estar demacrado por las lagrimas y la falta de sueño, pero ni aún así, reparó en ello.

—Lleva al cochero —le dijo y siguió mirando las cartas que llevaba en sus manos. Pasó a su lado y ni siquiera se le movió un pelo por ella. Aina sonrió y se aguantó las lágrimas: era lo mejor que podía hacer— no vuelvas tarde. Tenemos una cena con los condes de Manglob.

—No lo haré —respondió ella sin voltear a verlo. Sabía que él tampoco lo había hecho y no importó. Sólo salió y sintió el aire fresco. Dio una vuelta por la mansión y comenzó a correr lejos. Su cuerpo entumecido todavía podía darle su anhelada libertad.

—La señora se ha ido corriendo —dijo una de las sirvientas a su amo, mirando por la ventana la silueta que se perdía en la espesura del bosque.

—Volverá antes de la cena —dijo el esposo de Aina y abrió otra carta mientras continuaba caminando hacia su oficina.

Día 24: Inventa una historia que acabe con un cliffhanger.

la, gente linda! ¡Feliz domingo! ¿Cómo están? Tuve una semanita bien agitada, pero aquí estamos, con cuento nuevo porque la angustia a full.

Sé que no voy a terminar este reto este año, pero ¡qué va! Iré a mi ritmo como siempre, que a veces hago varios seguido, así que, quién sabe~

Por cierto, el sorteo del blog sigue abierto para todo aquel que quiera sumarse, (hasta el 20 pueden hacerlo), así que están más que invitados a participar.

¡Un abrazo enorme!

Relato juevero: rompiendo cadenas

Rompiendo cadenas

Cuando le habían propuesto escapar, había dicho que sí sin saber nada. Él había sido esclavo toda su vida, siempre cumplió con los deseos del patrón sin importarle nada más que él. No había lugar para nada más; ni sueños, ni esperanzas, ni amor propio. Pero algo había en él que le daba curiosidad, que quería saber qué había más allá a donde lo llevarían. Era riesgoso, se irían en la madrugada, cuando todos durmieran y aunque reducía los riesgos, no los eliminaba.

Ansioso, esperó la caída de la noche, guardando apenas un par de trapos viejos que tenía por ropa en una bolsa agujereada por las polillas. Ernesto quedó en vilo, esperando que Sara llegara para decirle cuándo partir.

Sus ojos profundos veían en horizonte oscuro pensando en lo que habría más allá de aquella casa; la gente que encontraría; los sueños que conocería, ¡un mundo de posibilidades!

Eran siete en total. No habían reclutado más por ser peligroso, de hecho, llevar un grupo tan grande ya era peligroso, pero tenían que marcharse todos. Cruzar la choza abandona era sencillo, ahora, el camino para que nadie los viera era pasar por el campo de cultivo, donde estaba el guardia vigilando en la noche. Por suerte, con una botella de vino, era suficiente para mantenerlo lejos de ellos.

Ahora, sólo tenían que correr, con los pies descalzos y el alma al aire, anhelando aquello que nunca tuvieron. Corrían hacia la libertad, lejos de todo.

En medio del bosque, los esperaría un carro que los llevaría a otro pueblo y luego a otro, hasta estar en un lugar seguro, a salvo de cualquiera que quisiera hacerles daños.

Tres meses de viaje para llegar a su anhelado hogar. Todos se bajaron, entraron a la casa donde los recibieron con los brazos abiertos, con comida y una cama cómoda y cálida. Sin ordenes, sin castigos, sin presiones.

—Y ahora ¿qué hacemos? —preguntó Ernesto a Sara antes de entrar con todos.

—Lo que tú quieras. Eres libre.

Pero Ernesto no sabía qué hacer con su libertad, inseguro, con tanto poder y tan poca idea, se quedó esperando mientras veía la puerta hasta que Sara le dijo que entrara.

Él obedeció, sabiendo lo grande que le quedaba la libertad.

¡Hola, hola, soñadores1 ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Volví a participar en los relatos jueveros, así que estoy más que bien. Los invito a leer a los compañeros en el blog de Campi con más relatos sobre esclavitud.

¡Feliz fin de semana!

¡Un abrazo!