Soñando uno de tus sueños

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Soñando uno de tus sueños

Fictober: Mariposas

Mariposas

Las mariposas siempre los mantuvieron unidos. Víctor no lo recordaba por el paso del tiempo, Emily por la muerte llevándose lo más preciado de ella. Los muertos llevaban una vida más sencilla y más feliz por olvidarse de la vida. Vivir estaba sobrevalorado ¿Y por qué? Porque la muerte siempre va acompañada del olvido. Al morir, vas olvidando que estuviste vivo. La mayoría de los muertos pueden recordar una o dos cosas, seguro recuerdan cómo murieron y quizá, algún momento que se aferre en su alma y no quiera escapar de ella. La muerte siempre ha sido cruel forzando a olvidar, porque sólo cuando olvidan, son felices. Sólo por eso el mundo de los muertos es más alegre que el mundo de los vivos: no están atados a la memoria, que no es otra cosa que la vida.

Emily Merrimack tuvo un encuentro con Víctor unos años antes de que se casaran. Ella, radiante y alegre nunca fue una muchacha acorde a su época y a los protocolos. Emily siempre fue un alma libre y sus padres siempre intentaron reprimirla sin conseguirlo.

Como todos los días, iba la señora Fergus a enseñarle etiqueta y como sucedía todos los días, Emily hacia una travesura para retrasar las lecciones. En esta ocasión, derramó té mojando el libro de la tutora y aprovechando el descuido, saltó por la ventana entre risas y salió corriendo de la mansión. Ella siempre había sido un alma libre y quería mantenerse como tal, atada a las normas de la alta sociedad jamás iba a suceder.

Su escolta, Sir Scott intentó seguirla y llevarla de nuevo a su casa, pero Emily era rápida, a pesar del incomodo vestido que usaba, corría rápido, más ahora que había hecho volar sus zapatos lejos. Los pies descalzos iban libres sobre el camino de piedras y tierra, buscando donde descansar. La dulce melodía de un piano la guio hacia su escondite. Sin pensarlo, abrió la cerca de la casa y se metió por el jardín, colgándose de la ventana para ver al interprete de piano. Había un chico de tez pálida mirando las teclas del piano. Ella lo observó en todo momento y no alzó la vista a la partitura ni una sola vez.

—¡Te la sabes de memoria! —dijo ella con una sonrisa y casi en un grito. Víctor se asustó, cayéndose del taburete. Emily hizo algo de fuerza y se empujó con sus brazos hacia el interior, cayendo de cabeza y haciendo un rol hacia delante por la fuerza de la caída. Se levantó y el cabello caía como cortina sobre su rostro y lejos de sentirse avergonzada, se empezó a reír a viva voz— lo siento —se hizo el cabello hacia atrás y lo peinó rápido con los dedos. Se puso de pie y le extendió la mano para ayudarlo a levantarse y luego, fue directo al piano, acomodando el taburete y sentándose en él— hace mucho que no toco. Vamos, vamos. No te quedes ahí parado —lo invitó a que se sentara a su lado y sin pensarlo, ella centró sus manos en el do central y comenzó a tocar como si sus manos fueran ligeras como una pluma. Una enérgica melodía, tan alegre y jovial como ella se oyó en la habitación y en las afueras.

Víctor se centró en la forma que ella tocaba. No tenía aquella seriedad típica de una dama frente al piano, no, ella tenía ese encanto, esa vibra contagiosa propia de los niños, de un alma joven que ve la vida con felicidad y entusiasmo, algo que a él se le había olvidado.

—¡Vaya! Eso fue divertido —se relajó con un suspiro y enseguida, estiró sus manos a la partitura que estaba encima del piano— ¿qué estabas tocando? ¿Era esta pieza? —Tarareo la melodía y negó con la cabeza— no era esta —siguió viendo las hojas y Víctor se la quitó recordando que había unos dibujos entre las partituras. Se resbalaron de sus manos y cayeron al suelo. Emily se levantó a ayudarlo a recoger todo y vio un hermoso dibujo de una mariposa. Los detalles eran increíbles, ella estaba absorta en el dibujo. Víctor, avergonzado, se lo quitó y lo escondió entre las hojas, guardándolo en su carpeta antes de que ella pudiera verlo de nuevo.

—Olvida que lo viste —le dijo rascando su cabeza.

—¡Oh! Pero si está increíble —sus ojos grandes y risueños se centraron en su carpeta y con determinación, se acercó a él— ¡Enséñame! Yo te enseñaré una melodía que nadie más conoce —le dijo guiñándole el ojo y lo agarró de la muñeca llevándolo al piano de nuevo— es para cuatro manos, así que tú sigue las notas que yo te iré dictando.

—¿Estás segura de esto?

—¡Claro que sí! Es de mi autoría, así que puedo enseñarla a quien yo quiera —advirtió ella orgullosa y lo alentó a acomodarse para comenzar a tocar—. Mi re mi fa mi re do si do —empezó a dictarle marcándole el ritmo y se sumó a tocar también.

Con una natural coordinación, los dos tocaron la canción. Emily estaba feliz y pudo sentirse mucho mejor al ver a Víctor sonreír mientras seguía con la melodía.

—Es hermosa —dijo cuando terminaron.

—Lo sé. Es como…

—Una conversación —interrumpió Víctor y vio brillar el rostro de ella: había entendido a la perfección la melodía. Una charla que sólo aquellos que entendían la música, y quizás, un poco la vida comprenderían.

Como era parte del trato, Víctor le dio una hoja y estuvo largo rato enseñándole a dibujar la mariposa, hasta que su instructor de piano regresó.

El instructor llamó la atención de Emily y esta, tal y como había llegado, se largó por la ventana, cayendo entre los arbustos y llenándose de ramas en el proceso. Aun así, se levantó, agarró la falda de su vestido y corrió.

—Nos veremos otro día, chico del piano —le gritó mientras corría fuera. El instructor dio la vuelta y salió por la puerta intentando alcanzarla.

Víctor sólo la vio alejarse. No sabía ni siquiera su nombre o de donde era. Tampoco pudo volver a verla. Sin embargo, todos los días iba al bosque a dibujar las mariposas, con la esperanza de volver a verla entre ellas.

¡Hola, gente bella! ¿Cómo están? Este es un fic que escribí para el Fictober del Club de Lectura de Fanfiction el año pasado

Debo ser sincera: nunca me esperé escribir algo de este fandom hasta que vi todas las teorías locas que habái al respecto. El prompt de esta ocasión es: Escibe un fanfic en base al último video de Youtube o Tiktok que viste (¡Desafíate!).

𝐕𝐢𝐝𝐞𝐨 𝐮𝐬𝐚𝐝𝐨:

No sé qué piensan ustedes de esta pareja. Yo amé a Victor y Emily durante toda la película y de verdad, quería que estuvieran un poco más de tiempo juntos los dos (Victoria me caía mal).

¡Un abrazo!

52 retos: Promesas cumplidas

El siguiente contenido presenta material explítico, sexual y/o violento no apto para menores de 18 años o personas sensibles.
Promesas cumplidas

Los dioses, en ocasiones, hacían promesas de las que se olvidaban rápidamente. A veces pasaba tanto tiempo —aún para ellos que eran inmortales— que ni siquiera lo reclamaban. Salvo un dios: Hades.

Él se lo había dicho a Perséfone el día que la llevó al inframundo: él no la había raptado, sólo se cobró la promesa que su madre hizo hacia varios siglos. Ella le había creído y a pesar de que no lo conocía de nada, aceptó quedarse en el inframundo un tiempo para cumplir la promesa de su madre y así, hacerle compañía a Hades.

Perséfone jamás pensó que iba a pasarla tan bien en el Inframundo. Había oído cosas terribles en su hogar. Que estaba podrido y olía terrible; los monstruos asediaban en todos lados; había muertos colgando de los cielos y restos por cualquier camino que andarás; incluso había un rumor acerca de que a Hades le gustaba coleccionar los órganos de los enemigos que derrotaba y los tenía en su habitación como colgantes llenos de sangre en el techo. Ella, con los días que pasó ahí, se dio cuenta de que sólo eran eso, rumores. Hasta empezó a conocer mejor a Hades y poco a poco, la idea de que él fuera su esposo no le pareció mala.

—¿Cuál fue la promesa que le hiciste a mi madre? —preguntó un día Perséfone mientras plantaba flores en el jardín del inframundo. Hades le había dicho que nada crecería ahí, sin embargo, ella había demostrado su gran poder al hacer florecer un montón de especies que se adaptaban a la oscuridad y sólo florecían de noche, irradiando un dulce perfume que relajaba y atraía a todo el que pasaba por ahí.

Hades permaneció en silencio, admirando las flores blancas y pequeñas que colgaban de las columnas. “Galán de la noche” le había dicho que se llamaba y realmente, le gustaba ese nombre.

—Prometí no vagar por la tierra, destruyendo su trabajo a cambio de que me diera a su hija cuando tuviera edad para casarse —y volteó a verla— tu madre nunca cumplió esa promesa. Te llevó lejos y te alejó de todos.

Ella entendió porqué sólo paseaba con las ninfas y nunca había conocido a más dioses. Incluso, a veces creía ver en el horizonte a más personas acercarse, pero su madre aparecía y volvía a la calma de siempre, estando sólo ellas y nadie más. Le encantaban las flores, pero era aburrido sólo contemplarlas y sembrarlas.

—¿Podemos dar un paseo en bote? —preguntó ella con una sonrisa. Lo tomó de la mano y lo llevó hasta el río. Cerbero dormía a la orilla, roncando tan fuerte que parecía que se desataba la furia de Zeus en cada ronquido.

Hades subió al bote y extendió su mano para ayudar a Perséfone a subir de forma segura a él. Pronto, Caronte empezó a remar llevándolos por el río.

—Mira —señaló ella una planta que había en el muelle —¿no es un linda? Comerá a todo aquel que no quiera pagar el viaje —comentó ella con entusiasmo observando su creación, hasta se podía ver los restos humanos colgando de la “boca” de la planta. Tenía una cabeza redonda y unos pistilos que parecían dientes y se veían tan filosos como si lo fueran. La planta media metro y medio más o menos.

Hades giró su rostro para ver la expresión de Perséfone y notó una sonrisa en sus labios mientras la miraba.

—¿Dará flor?

—Si tiene la suficiente sangre, sí —dio una palmadita orgullosa y luego, apoyó la cabeza en el hombro de Hades, relajándose el resto del viaje.

La suave brisa fresca que llegaba traía consigo el perfume de los jazmines y se mezclaba con la esencia del río, fresco y tranquilo. Hasta que Hermes los interrumpió llegando al río, causando una gran conmoción en el agua, casi tirando el bote.

Hades tomó a Perséfone entre sus brazos y saltó del bote antes de que se diera vuelta, levitando con ella en el aire mientras veía a Hermes delante suyo.

Caronte estabilizó el bote y siguió su camino tal y como le pidió Hades momentos después. Tenía trabajo qué hacer.

—He venido a llevarme a Perséfone de regreso a su hogar.

—¿Y crees que te la entregaré tan fácilmente? —Hades sonrió confiado y su prometida sonrió ante esa seguridad. No había forma de que volviera a los territorios de su madre.

—Zeus vendrá y sabes, eso desatará una guerra en el inframundo. Si es que Deméter no termina de matar a los humanos antes.

Las opciones no eran buenas. Si dejaba a Perséfone en el inframundo, desataría una guerra y no quería ponerla en peligro. No quería que ella fuera parte de una guerra divina, tan sólo, quería que se siguiera divirtiendo creando plantas, cultivándolas y recorriendo el mundo como a ella le cayera en ganas.

—Está bien —dijo en voz baja, agachando la mirada.

Perséfone se aferró a su cuello y apoyó su mentón en el hombro de él, hablándole en voz baja.

—No me quiero ir. No quiero dejar el inframundo —suplicó— no quiero dejarte a ti.

Si había una sola razón para quedarse, era él. Después de todo, quería ser su esposa y ya no era por cumplir la estúpida promesa de su madre: quería hacerlo por sus propios sentimientos.

Hades acarició su espalda y giró su rostro quedando sus labios contra el oído derecho de Perséfone, susurró:

—El camino estará lleno de granadas. Come algunas.

Él, descendió al suelo y dejó a Perséfone marchar después de eso. Hermes fue delante de ella, llevándola por el camino de escaleras hacia la superficie. Antes de perder de vista el río y de no volver a verlo, ella volteó y lo saludó con una sonrisa, lanzándole un beso con los dedos antes de seguir su camino con una alegre melodía en los labios.

—Veo que está ansiosa por ver a su madre.

—Por supuesto que sí, la he extrañado —dijo ella alegre viendo la primera granada en el camino. La tomó y le dio un mordisco, comiendo incluso las semillas de la misma. A medida que iban dejando los escalones atrás, la luz se volvía más intensa ¡Estaban cerca de llegar a la tierra! Deméter los estaría esperando en la entrada, seguramente, ansiosa por ver a su hija y esconderla del mundo una vez más.

Perséfone, por el contrario, estaba ansiosa de comer más. Ya no supo si eran dos, cuatro o siete, lo cierto es que al llegar a ver los últimos tres escalones, Hermes volteó a verla y entonces, vio la granada en la mano de la doncella. Perséfone, pasó su dedo índice de manera coqueta por su labio limpiándolo y luego, lamiendo su dedo.

—Estoy ansiosa por ver a mi madre —aseguró dejando la granada caer al suelo y al querer cruzar el último escalón, una barrera detuvo su andar y la expulsó con fuerza escaleras abajo.

Hades apareció recibiéndola entre sus brazos.

—Parece que el inframundo me ha tomado cariño —acarició el rostro de Hades con una sonrisa coqueta y lo besó en frente de Hermes sin ningún tipo de recato— dile a mi madre que estaré bien —aseguró moviendo la mano mientras las matas y las granadas crecían tapando la salida, dejándolos solos en la oscuridad, acabando por el ver el nacimiento de la reina del inframundo y la esposa del dios de los muertos.

Ese día, sería recordado por todos como el día que Perséfone se coronaba como reina en su nuevo hogar.

Reto: Crea una historia de un día cualquiera en la vida de Hades, el dios del inframundo.

¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Este año también me sumo al reto de LiterUp, como debe ser. Empecé al azar uno de los retos y fue porque es el que tenía más claro para desarrollarlo.

La historia de Hades y Perséfone es la que más me gusta, así que quería escribir sobre ellos y de paso, darle un pequeño cambio. Perséfone era bastante desgraciada en los mitos y creo que dista mucho de la chica inocente que raptó Hades. Pienso que puede ser porque se corrompió con él, pero me agrada más la idea de que nunca fue una chica inocente en primer lugar. Así que aprovecho a sacar esta idea adelante.

Espero lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

Tonto

Tonto

Morgan se le acercó por la espalda mientras Kysa terminaba una de sus pinturas. Hacía tanto tiempo que no se concentraba en ellas que prácticamente se había olvidado de lo que quería plasmar en el lienzo, con los casos de Morgan y su continua insistencia en meterse en problemas, no habían tenido ni un respiro, especialmente, con el sicario que estaba tras él. Pero al detective parecía valerle dos, tres y cuatro soberanos pepinos que alguien intentara matarlo, como si estuviera acostumbrado a ello. Kysa no lo estaba y eso la ponía de los nervios. Pero con los días de franco que le habían dado por la inspección de la agencia —Anna parecía dispuesta a pagarle el año completo con tal de que no estuviera el detective ese día—, habían ganado un poco de tranquilidad. Estando en casa, no iba a poder meterse en ningún problema. O eso es lo que quería creer.

—Estoy pintando —le dijo ella sin voltear a verlo al sentir que él corría el cabello de su espalda haciéndolo a un lado para besarle la nuca.

—Y yo te estoy besando. No veo como dos actividades simultáneas no compatibles pueda afectarte —respondió como si nada continuando el roce de sus labios por la piel de Kysa, haciendo que se estremeciera al sentir el roce de su barba, encogiéndose de hombros.

—Morgan.

—Kysa —dijo su nombre imitando el mismo tono de regaño que ella había usado con él.

—Morgan, estoy pintando —se hizo hacia el frente sonriendo mientras él la abrazaba y dejaba descansar sus manos en su abdomen.

—Podemos seguir esta discusión todo el día —le susurró al oído apoyando su cabeza en el hombro de ella con una expresión juguetona en el rostro— o podemos ir y terminar esto en la habitación.

—Tonto —le dijo dándole un golpe con el pincel cuando su mano empezó a bajar por su vientre, dejándole una mancha de oleo azul marino en su piel.

—Eso, úsame de lienzo —se burló soltándola y dando vuelta el taburete para quedar frente a ella y besarla.

Kysa correspondió el beso con una sonrisa en los labios.

—Llama a Jack —le ordenó bajándose del taburete para volver a su trabajo.

—Atrevida, eso me gusta —gruñó en su cuello—. Aunque Jack no es mi tipo, busquemos a una bonita mujer —insistió él volviéndola a abrazar.

—Deja de hacer el tonto y ve a hacer algo productivo. Llama a Jack, él seguro necesitará ayuda en algo.

Morgan torció el gesto, sintiendo como ella volvía a quitar sus manos de encima, se concentraba en la paleta de colores y en el lienzo una vez más, dejándolo frustrado. Pero no estaba con ánimos de darse por vencido. Ahora, él se sentó en el taburete atrayendo su cuerpo hacia él, dejándola justo entre sus piernas, apoyando la cabeza en su espalda y respirando el aroma de Kysa.

—¿Me amas? — le preguntó recorriendo la curva de su espalda con sus labios.

—Ah, no, no. No voy a caer en ese truco —volteó a verlo sin que él se dignara a soltarla.

—No es un truco, fue una pregunta sincera que evadiste. Eso hiere mi pobre corazón —exageró él haciendo un gesto trágico, aprovechando que ahora la tenía frente a él para recostar su cabeza en los pechos de Kysa con total soltura.

—Eres un tonto.

—¿Sabes? No me molestaría que me llamaras tonto si estuvieras encima de mí, pero aquí y con toda esa ropa encima, me está causando cierta molestia —dijo levantando la vista hacia ella. Kysa rodó los ojos y suspiró profundamente con cara de ‘Dios, dame paciencia’. Apoyó sus antebrazos en los hombros de Morgan y sonrió.

—Te amo ¿feliz?

—Ahora sólo lo dices por obligación —dijo como niño que está a punto de hacer un berrinche— pero puedo creerte si te esfuerzas un poco —sugirió besando el final de su escote, haciéndole cosquillas al rozar su barba en su piel.

Kysa deslizó sus manos en sus mejillas e hizo que levantara el rostro dándole un apasionado beso, posiblemente, un error de parte suya queriendo evitar que siguiera molestándola para seguir con su pintura, pero ya estaba hecho.

—Eres mucho mayor que yo. Un desastre en cuanto a organización, un maniático del café y los puros, y te encanta burlarte de mí, sin contar que cuando te metes en un caso, te importa un soberano pimiento tu seguridad con tal de resolverlo, ni tu pierna te detiene —le señaló su prótesis—. Si no te amara, créeme, hace tiempo te hubiese mandado lejos —enumeró las cosas más notorias de él, aunque lejos de sonar a regaño, parecía estarse divirtiendo mientras las decía.

—Me gustó más la parte de que me amabas —suspiró hablándole con palpable frustración en su tono de voz.

Ella se rio y dejó el pincel en la paleta finalmente, sabiendo que con él rondándole y ahora, a punto de hacer un puchero, no iba a lograr hacer nada. Se acercó y volviéndolo a tomar de sus mejillas, apretando las palmas de sus manos contra ella, buscó sus labios, lo besó y recorrió sus labios con la punta de la lengua. Las manos de Morgan volvían a posarse en su cintura mientras cerraba los ojos.

—Necesitaras más que eso para hacer que me sienta mejor.

—Sonaría más creíble si no me estuvieras tocando el trasero —respondió ella jocosa deslizándose por el cuello y mordiéndolo suavemente— ¿me esfuerzo un poco más?

—Sí, sigo molesto —insistió él cuando sonó el timbre de la puerta.

Ambos se miraron, ninguno esperaba a nadie ese día. Kysa soltó a Morgan lista para salir a ver quién era cuando él la rodeó por la cintura, apretando sus manos contra su vientre atrayéndola hacia él.

—Ya se irán —susurró levantando su camiseta un poco más arriba de su media espalda y recorriéndola con sus labios con suavidad.

Ella insistió en ir abrir, más cuando escuchó la voz de Jack en la puerta, preguntando por ellos. A esa altura, Kysa ya había dejado de insistir y se había dejado llevar por Morgan, aunque esto ya había sucedido antes de que tocaran el timbre. Estaban cómodos ahí, aun con el insistente sonido del timbre, acabando por verse realmente interrumpidos cuando vieron a Jack en la puerta del estudio de Kysa, tan rojo como un tomate.

—Yo… volveré en otro momento —dijo alzando el dedo índice balbuceando incómodo antes de girar sobre sus talones y salir de la habitación.

—Tonto —repitió la dichosa palabra a Morgan y se acomodó la camiseta levantándose del suelo— ¿cómo no recordaste que le diste una copia? —Salió mascullando algo, habiendo dejado a Morgan con las ganas una vez más, deteniendo a Jack antes de que se fuera de la casa.

Morgan dejo caer su cabeza contra el suelo antes de volver a suspirar sonoramente y ponerse en pie. Le iba a cobrar caro esto a Jack, quizás no hoy, que tenía asuntos importantes que atender aun, pero se la cobraría en algún momento. Hasta eso, salió ya arreglado nuevamente a saber cuál era la razón de visita de su amigo. Al parecer, tenían un caso para que no se aburriera en su día libre. ¡Bendito amigo!

¡Hola, hola, soñadores! ¿Cómo están? ¡Feliz año nuevo! ¿Qué tal los trata el 2022? Por aquí, empezamos el año bastante bien, así que no nos podemos quejar.

Este cuento lo escribí hace un tiempo, es uno de mis favoritos de Morgan y Kysa. Amo usar la misma palabra para darle un significado diferente a medida que avanza el cuento.

¿Qué les ha parecido?

¡Un abrazo!

Diez besos: Primer beso

Diez besos

¡Hola, soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Empiezo el año con reto nuevo y con reto propio, que me hice esta plantilla el domingo porque puedo (?).

El reto consiste en dibujar a los personajes según la cuadrícula indica. Diez besos de mi OTP. Justo con la Fiesta Infinita, saqué a relucir un montón de parejitas que tenía ganas de sacar desde hace mucho tiempo, dibujé mucho en su tiempo, pero no están en condiciones de mostrarlos porque nada qué ver con lo que hago ahora (?). Aunque posiblemente, a futuro haga un redibujo de ellos, quién sabe.

La cosa es que como en el Angstcember me dediqué a escribir sobre Yu yu hakusho y Maya y Kurama, decidí darles unos dibujitos, al menos diez a ellos, que se lo merecen porque casi no hay material (aunque en pixiv me encontré con bastantes cositas.

Debo decir que aunque lo empecé con todo el amor del mundo, todo lo que podía salir mal, salió peor. Me olvidé de bloquear la capa de trazados y pinté encima, me pasó lo mismo con la piel, se me cortó la luz (y no tenía batería) y perdí lo que no había guardado porque ni me dí cuenta de que se estaba por apagar XD incluso, no sé qué diablos pasó, pero tenía sólo configurada en veinte las historias, así que yo en mi afán de deshacer todo, llegué al límite y tuve que reconfigurar Photoshop de nuevo. Luché como no se dan idea. Pero lo terminé, una cosa sencilla, porque temo que esté maldito y me explote la computadora si sigo con el dibujo de cero (?)

¡Pero aquí está! Les cuento que será el primero de diez dibujos que haré de ellos e iré rellenandolos en la plantilla bonita que ven aquí. También, si alguien quiere sumarse al reto ¡es bievenido! Avisen así voy a chusmear sus OTP

Primer beso:

Y si se animan, les dejo la plantilla para que la usen:

Apenas va a comenzar a llenarse, pero ya es el primero. A ver cuánto me demoro en terminarlo owo

Tengan una bella semana

¡Un abrazo!

No siento al mundo

No siento al mundo

¿Lo ves? Sólo causas problemas. Te dije que lo mejor que te podía pasar era haber muerto en aquel campo de batalla. Estoy seguro de que te habría ido mucho mejor que ahora. La muerte te sentaría bien, pero te resistes a ella. El dolor recorre tu cuerpo, pero es como si fuera un dolor que no termina de ser tal ¿es tuyo o es mío? Las preguntas rondan tu mente y no sabes decir a ciencia cierta dónde te duele, tampoco sabes explicar si te duele algo. Las sensaciones que vienen luego son confusas y tan rebeldes que no sabes cómo señalarlas. Sientes una fuerte incomodidad ¿Es tuya? ¿O será algo que no tiene nada que ver contigo? Aún nadie te sabe decir acerca de esas cosas, sólo sabes que algo ha comenzado a fallar en ti desde aquel día que dejaste el campo de batalla, que abandonaste los muertos a tu espalda y acarreaste la agonía sobre tus hombros.

Aquel día también perdiste parte de tu visión, no sólo en tus ojos, la visión del mundo y su sentir. Todo está mal contigo, todo. Acéptalo de una buena vez.

A veces, te resistes a creerlo por una sola persona. Aquel joven que aparece en el parque de vez en cuando, el de la corbata bordo. Te dedica una sonrisa y extiendes tu mano para acercarte a él y hacerle una caricia revolviendo sus cabellos. Aún no sabes si es tu mano la que hace aquello. La vez, ahí al final de tu brazo, sabes que vas a hacer aquel movimiento, pero no se siente como si fuera tuyo. Parece que no eres tú.

El mundo es tan extraño…

—Estoy bien —dices cuando te pregunta por tu estado. Los ojos oscuros cambian de tonalidades. Nunca has sabido de qué color es realmente tu cabello o tus ojos, suelen cambiar de colores a medida que tus emociones fluctúan. Ahora mismo, reflejan una calma junto a un color verde claro, como la hierba bajo el rocío. Recuerdas que alguien te dijo alguna vez que ese color transmite templanza y esperanza. ¡Ja! Es divertido ver que tú todavía guardas esperanzas ¿para qué? ¿Qué pretendes cambiar?

Eres extraño, no queda nada más que decir.

Y dices algo, recordando la razón por la que estás ahí. Tu libro. No, no era cualquier libro, era TU libro, el que tú empezaste a escribir. Lo recuerdas, el tamaño, el color, el peso sobre tu mano. Lo anhelas con todo tu ser. Es el único ejemplar que existe en el mundo y no quieres que le pase absolutamente nada. Si pudieras demostrar alguna emoción, podrías estar desesperado en este momento, pero sólo cambian de color tus ojos y tu cabello a un negro oscuro y profundo. No puedes perder tu libro, es un bien muy preciado y necesitas que alguien más lo aprecie. Tiene que ser alguien que no seas tú quién vea lo valioso que hay escrito en él; quizá no será tan al extremo como tú lo has hecho, pero tiene que ser apreciado al menos una vez. Quieres ser más que la sombra que eres y estas seguro que ese libro está escrito para ayudarte a ser alguien.

—Es de tapas rojas oscuras —explicas y dibujas en el aire su forma— roja como la sangre. Cosido a mano. Así de grueso —sigues con tus gestos, moviendo tus manos simulando el grosor del libro. Huele a viejo y a humedad. Quizás a tabaco también ¿no le cayeron las cenizas del pucho los otros días? Fue un sábado. O el lunes. Quizás el miércoles con ínfulas de viernes. Quién sabe. Fue un día.

—Te ayudaré a buscarlo —se ofrece con una sonrisa. Una emoción genuina, tan vivida y exquisita. Ojalá pudieras imitarla.

Ojalá.

Te mueves a su lado. El mundo es como una película y tú eres sólo un espectador, pero tu libro es la prueba de que eres el protagonista. Quizá algún día te cures, no tienes idea. Nadie te dio esperanza. Las drogas a veces ayudan y son el único momento de contacto con la realidad. Pero es sólo eso. Un efímero suspiro arrogante, bromista que se cuela en la yema de tus dedos, escarba debajo de tus uñas haciéndote experimentar la realidad. Y sólo se desvanece como el humo del cigarrillo en el aire.

—No deberías ayudar a alguien como yo —ladeas tu cabeza, acaricias tu cabello y lo peinas con los dedos. Los mechones se enredan y te dan un aspecto más desaliñado—. Estoy perdido en un mundo que no me comprende en lo absoluto, que no siento en lo más mínimo —aseguras cerrando los ojos, intensificando aquella sensación de que tú no eres parte del mundo: es un lugar al que tú no perteneces. Todo se siente como si fuera un sueño, un largo y absurdo sueño del que quieres despertar hace muchísimos años.

Y no puedes.

Y jamás podrás.

Por alguna razón, tu lado humano ha desaparecido por completo y te has vuelto esto que eres ahora. Un ente que vaga entre las penumbras, la incertidumbre y la miseria, sin un rumbo ni objetivo. A veces, tienes el deseo de ser notado ¡de notar a los demás! De experimentar una vez una sola emoción.

Y no sucede.

Te has golpeado. Eres alto, no viste aquella rama de árbol y caíste de culo al suelo. Él te mira preocupado y tú lo único que piensas entonces es en tranquilizarlo y que se aleje de ti. Eres una desgracia, corrompes y destruyes todo lo que tocas, todo lo que amas. ¿Cómo concibes la existencia de alguien así en el mundo? No sabes si vives, si mueres.

—Tienes que ir a emergencias —te dice y saca un pañuelo con el que te aprieta la frente.

—Estaré bien. No moriré por esto —y piensas en un “ojalá”. Pero al ver su expresión de preocupación, te sientes culpable. Él es totalmente sincero contigo. Te arrepientes de pensar en la muerte.

—Noel —pronuncia tu nombre y es como si recitara un hechizo que te hace salir brevemente de la burbuja, pero se revienta y se regenera una y otra vez alrededor de ti— al menos, ven a casa a que te cure.

—Necesito el libro —dices rápido, sin prestarle atención al corte en tu cabeza. ¡Ja! Sólo tú eres tan estúpido como para lastimarte así con un árbol ¿en qué pensabas? Es cierto, a veces no piensas, sólo fluyes como una anguila dejándose arrastrar por la corriente esperando llegar a un lugar apropiado más por suerte que por iniciativa.

—Lo buscaré luego.

—Pero ese libro… —te interrumpes cuando él te aprieta la mano. Se sacude sobre la tuya como si estuviera temblando. Lo has confirmado al bajar la mirada y encontrarte con sus dedos blancos sobre los tuyos, están ahí, sobre tu mano con un temblor como el de una gota de rocío sobre el césped, a punto de caer y desaparecer. Lo sientes igual. Lo ves igual.

Finalmente asientes y cedes a la súplica silenciosa que tiene en la mirada. Te levantas y lo sigues a través del parque. Te jala o eso crees, sigues sus pasos, a la distancia, aunque lo ves a tu lado. Las pisadas resuenan en tu cabeza y hacen eco como si las vieras en el horizonte. La vista borrosa no ayuda nada, tienes que acomodarte las lentillas. Se lo dirás cuando llegues a la casa y te cure.

La entrada es enorme y borrosa. Tú solo caminas. Quieres regresar por tu libro y quieres que Gabriel no se preocupe. Te parece imposible que no lo haga cuando te conoce. ¿Cuándo te irás de su vida?

—Tienes sangre en el ojo —te dice él cuando te sienta en el sillón de la casa. Lo entiendes entonces, era eso lo borroso que teñía la realidad de rojo. Te recordó a otros tiempos donde sólo había tierra y sangre. Y muerte. Y la desesperanza era tu vicio de cada día. Justo como ahora. Lo esperas mirando al techo. El cabello te cae en los ojos y entorpece tu mirada, sólo soplas y cierras los ojos. Los mechones ahora blancos revolotean y te hacen cosquillas.

Y te quedas dormido.

Al despertar, tienes una manta encima de tu cuerpo. Ves un poco mejor, piensas que seguro él te curó mientras dormías, pero no lo ves. Aunque sientes un silbido en otra habitación. Te mueves y en tu mano, está el libro, tu preciado tesoro. Sonríes, posiblemente, la primera emoción genuina que expresas. Lo sentiste. Mentira, lo fingiste. ¿O no? ¿Es real? No puedes sentirte. Ni al mundo ni a ti. Pero ese detalle, ese detalle quedará en algún lugar de tus recuerdos, dándote algo de calidez y quizá, plasmado en otra página en blanco de tu preciado libro, empezarás a ser.

Índice
Reto: reescribir una historia.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Me sumé al reto semanal del Club de Lectura de Fanfiction y la consigna de esta semana era reescribir un fic de hace varios años, con todo lo que hemos aprendido a lo largo de este tiempo.

El cuento es del 3 de julio del 2018, no es tan viejito como me lo imaginé, pero sí cambié bastante, hasta pude explotar mejor a Noel en la historia. Y me gustó mucho esto.

Noel es un personaje que sufre despersonalización. Es sobreviviente de guerra y ha acarreado muchos problemas y traumas conjunto a ello. Y es lo que más me gusta del personaje

Gabriel es más sencillo, él ha tenido una buena vida y siente interés por Noel, así que siempre que puede, está a su lado de una u otra forma.

Estos dos son personajes secundarios de una historia más grande, tengo varios cuentos sueltitos de ellos dos, así que iré compartiéndolos de a poco.

El dibujo recién salido del horno, quería hacer un boceto rápido de los dos y aquí está. Espero que les haya gustado.

¡Un abrazo!

52 retos de escritura 2022

01
Has recibido una carta de tu yo del futuro, que te escribe de aquí a 30 años. ¿Qué te dirá? (no deberías darte los números de lotería, que ya hemos visto en el cine cómo acaba eso 😁).
Cuento
02
Haz una historia en la que los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra) tengan gran importancia para la trama.
Cuento
03
Escribe un relato que incluya elementos mitológicos de algún país de África.
Cuento
04
Haz una historia escrita en prosa poética.
Cuento
05
Crea un relato en el que aparezcan al menos 7 sabores.
Cuento
06
Haz una historia donde el único color que aparezca sea el amarillo.
Cuento
07
¡Viajamos en el tiempo! Escribe un relato situado antes de 1910.
Cuento
08
Escribe un relato romántico con un Penosio como protagonista.
Cuento
09
Dos personajes se comunican solo mediante carteles. Escribe una historia al respecto. ¡Y utiliza tu imaginación! ¿Dónde están? ¿Qué les impide vocalizar?
Cuento
10
Crea una historia de un día cualquiera en la vida de Hades, el dios del inframundo.
11
Tu protagonista sueña con ser capitán de un transbordador espacial. Haz un relato sobre el día que logra pilotar por primera vez.
Cuento
12
Tu protagonista puede viajar al pasado y cambiar un momento clave de la historia. Escribe una historia sobre ese instante y, si quieres, sobre las consecuencias (es decir, una ucronía).
Cuento
13
Escribe un relato sobre un influencer de toallas de baño en clave de humor.
Cuento
14
Tu protagonista ha recibido un paquete sin remitente. Haz una historia sobre qué piensa. ¿Se decidirá a abrirla?
Cuento
15
Construye un relato sobre un triciclo, un lazo y un medallón.
Cuento
16
Haz una historia acerca de un escritor que busca el seudónimo perfecto.
Cuento
17
Empieza una historia con la frase “nunca creí que esto pudiera pasar”.
Cuento
18
Haz una historia sobre un personaje que está enfadado con otro, pero es incapaz de recordar por qué.
Cuento
19
Escribe un relato sobre la mejor decisión que has tomado nunca.
Cuento
20
Logra una historia sobre marmotas que lanzan diamantes al hablar y que mantenga la suspensión de la incredulidad.
Cuento
21
Una pirata lee una carta y, tras guardarla, leva anclas. Haz un relato que incluya el contenido de esa carta.
Cuento
22
Convierte en un relato erótico una historia que no pertenezca a ese género.
Cuento
23
Tu protagonista ha leído su horóscopo y está resuelto a encontrar unos pendientes dorados con forma de pez. Escribe un relato sobre la odisea de encontrarlos.
Cuento
24
Haz una historia ambientada en el worldbuilding de Cuando recupere la esperanza. Es decir, que cuando tu protagonista era peque una hada apareció y le concedió un don, además de quedarse a su lado.
Cuento
25
Haz una historia sobre un personaje que contenga los mayores defectos que detestas e intenta que sea una persona entrañable a pesar de ellos.
Cuento
26
El mundo se va a acabar, tenemos fecha y hora. Tu protagonista decide viajar a algún lugar a vivir allí el fin de su especie. Escribe un relato sobre ese viaje y los últimos instantes antes del ocaso de la existencia.
Cuento
27
Escribe un relato sobre un personaje al que solo le mueve la envidia.
Cuento
28
Haz una historia policíaco que incluya un perro policía en su primer día de servicio.
Cuento
29
Escribe un relato sobre un personaje que despierta dentro de tu serie favorita.
Cuento
30
Haz una historia acerca del día en el que Bigfoot decide mostrarse y así confirmar su existencia.
Cuento
31
Tu protagonista está deseando abrir la botella de vino que le regalaron, pero, una tras otra, no paran de interrumpirlo en el proceso. Escribe un relato sobre ello.
Cuento
32
Haz una historia de ciencia ficción situado en un submarino.
Cuento
33
Escribe un relato sobre un personaje que hace la atrocidad más grande que se te ocurra con tal de salvar a un ser querido.
Cuento
34
Haz una historia que ocurra en el desierto.
Cuento
35
Escribe un relato sobre un personaje que cada día a la misma hora va a una esquina, mira su reloj y se marcha.
Cuento
36
Haz una historia romántica situada en el siglo XXVIII.
Cuento
37
Escribe una historia en la que la naturaleza sea la protagonista.
Cuento
38
Haz un relato sobre un robot que siente las caricias por primera vez.
Cuento
39
Escribe una historia que empiece con una sesión de fotos de un modelo de bodypainting.
Cuento
40
Reescribe una escena de tu libro favorito cambiando la focalización del narrador.
Cuento
41
Haz una historia de alta fantasía acerca de una aprendiz de alquimista.
Cuento
42
Tu protagonista guarda en su caja fuerte un pañuelo de seda. Escribe un relato acerca de cómo lo consiguió y por qué es tan importante.
Cuento
43
Haz una historia sobre la final de un concurso de baile.
Cuento
44
Escribe un relato que pertenezca al género solarpunk.
Cuento
45
Tus protagonistas están encadenados entre sí. Describe su huida de la pirámide alienígena en la que se encontraban.
Cuento
46
Escribe una historia que incluya un personaje que tiene un cuervo como mascota.
Cuento
47
Haz una historia bonita sobre una persona sin hogar.
Cuento
48
A tu protagonista le han perdido la maleta. Escribe el relato en clave de terror.
Cuento
49
Escribe un relato que se titule “Esa sonrisa no tiene precio”.
Cuento
50
Haz una historia que ocurra en un templo de la religión que prefieras (como si es inventada).
Cuento
51
El padre de tu protagonista ha fallecido y en su bolsillo encuentran una fotografía de un paisaje. Escribe sobre la búsqueda de ese lugar exacto.
Cuento
52
Haz un relato inspirado en tu poema favorito.
Cuento