Soñando uno de tus sueños

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Soñando uno de tus sueños

Premonición

Premonición

¿Qué hago vestido así? Esta falda con volados, las bucaneras largas y blancas, hasta esta blusa escotada que deja ver mi pecho y vello. Me he dejado crecer el cabello gracias a esto y ahora, llevo dos hermosas coletas a los lados junto con una tupida y varonil barba. Parece el comienzo de un chiste, sé que muchos pensaran eso en cuanto me vean salir vestido de esta forma ¿Qué hace un hombre de casi treinta y seis, vestido de niña de ocho? Pues, se los diré: trabajo.

Trabajo en una cafetería y yo soy el promotor de la misma. Me paro en la puerta, luciendo mi bella sonrisa y me encargo de atraer a la clientela. ¡Y vienen! Las mesas están llenas cada día gracias a mi encanto. Sí, debo admitir que jamás pensé que esto fuera a funcionar. Cuando llegué al país, pensé que era algo… demasiado fuera de lo común y que no llamaría la atención en lo absoluto, en todo caso, que acabaría buscándome otro trabajo al poco tiempo por el fracaso de éste. Pero puedo decir orgullosamente que hace seis años que trabajo de esto. Vivo bien, pago mis deudas y realmente, a nadie parece importarle aquí si uso un vestido como si uso un pantalón. Me gusta porque la ropa es ropa y nada más.

Era miembro de una banda antes de que el vocalista decidiera hacer su carrera de solista. La banda se disolvió, como todas las bandas. Generalmente, cuando se pierde un miembro, la banda tiene pocas posibilidades de seguir, al menos, fue nuestro caso que entre buscarnos otro vocalista o separarnos, prefirieron separarse. Yo ya sabía que se iban a separar, lo vi con bastante tiempo por lo que ya tenía planes.

Me pasé viajando durante unos tres años buscando en qué orientar mi vida. La música sigue siendo algo que me gusta mucho y pensaba que podría vivir de ello tranquilamente. Soy baterista, el baterista suele ser una parte fundamental de una banda, pero generalmente, somos pocos. Puedes conseguir a veinte vocalistas, guitarristas y bajistas, pero la batería, cuesta hallarla quizás, porque no destaca, que te sientas al fondo, detrás de la batería que no tiene el gran encanto de la guitarra y la presencia del cantante, pero haces tu parte en la banda, que sin percusión no es lo mismo la música. A mí me gusta. Aun así, no terminé de fijo en ningún lado, decidí seguir viajando sin atarme a nada, hasta que me até a algo. Fue cuando me robaron en el aeropuerto. No me di cuenta de que me arrebataron la billetera hasta que fue demasiado tarde. Pero corrí con suerte, alguien me tendió una mano en ese momento y aunque no sé quién fue quién me robó hasta la fecha, sé que gracias a eso, comencé mi vida de manera fija aquí. Conseguí este trabajo, una casa y una vida muy agradable. Todo por ese pequeño percance.

Parece la vida de cualquier otra persona, común y corriente o al menos, eso pudiera llegar a ser. Pero tengo un don, un don que a veces, es increíblemente molesto, como todo don, imagino, nunca he hablado con nadie acerca de esto más que con ustedes. Bueno, la cosa es que… ¿cómo se los digo? Puedo ver el futuro. A veces de manera muy sutil, como en un sueño, que suele ser mucho más tranquilo que darle un folleto a un hombre y quedarte como si hubiese visto y saludado a Ryuk caminando por la ciudad. Sí, Ryuk es ese personaje tan simpático de Death Note, ése con el que no puedes disimular que has visto algo fuera de este mundo. Puede ser por cosas importantes o que al menos, a ti te parezcan importantes. Me habría servido para evitar que me robaran, aunque no sucedió en ese entonces, sí más tarde cuando evité un accidente con un chico en bicicleta. A veces es útil, a veces, es inconsistente. A veces, sólo molesta. Pero mientras digo buenos días y los invito a tomar nuestra especialidad de café con crema batida y caramelo, puedo ver que el hombre que se sentó a leer el periódico en el rincón de la esquina, caerá dentro de una hora por un ataque cardíaco del que no podrá reponerse. De todas formas, le digo a Yuri que por las dudas, tenga discado el número de emergencias en su teléfono unos quince minutos antes de las diez. Las ambulancias son rápidas, eso lo sé.

Y mientras entono la melodía súper simpática y pegadiza que suena por el estéreo, veo que la chica que acaba de entrar va a ser despedida de su trabajo y volverá en la noche a tomar una copa de chocolate y vainilla con una amiga, llorando por lo ocurrido. Se los dije, a veces es inútil esto. Y a veces, no ocurre nada por largos períodos de tiempo. El universo parece una perfecta confabulación para agobiarme en los días más complicados.

Me voy sin cambiarme al terminar mi turno. Podía haberlo hecho, pero Yuri estaba usando el baño para cambiarse el traje, por lo que simplemente, preferí no demorarme más tiempo e ir a tomar el subte de esta manera ¿a quién le podía importar? A mí no, eso era seguro. Y contando que los zapatos que llevo hoy no tienen tacones, puedo andar tranquilo sin preocuparme de que voy a estar casi cuarenta minutos de pie en tacones.

Al bajarme, me voy por un camino diferente al que suelo tomar todas las noches. Debería seguir tres cuadras a la izquierda al salir del subte, me voy hacia la derecha, al konbini a comprar algo para la cena: hoy no cocino.

Hubiese sido un día de lo más común si no me topara con esa chica al salir de la tienda: vi algo, porque no podía finalizar el día sin tener algo más en mi cabeza. La seguí ¿qué le iba a decir? ¿Qué dos hombres la iban a atacar camino a su casa y que posiblemente, no regrese ilesa? No, no podía. Que una lolita con barba te intercepte en la calle para decirte que dos hombres te van a atacar y posiblemente, te maten en el camino no es algo que quieres escuchar a las nueve de la noche. Así que hice como que andaba paseando por ahí, lo más disimuladamente posible que puede ser un hombre que anda vestido de mujer, por supuesto. Fue hasta que llegó a la intercepción de mi visión que vi correr a uno y a sabiendas de que el bento que acababa de comprar acabaría arruinado, corrí hacia él, empujando a la chica antes de que la tocara y dándole una poderosa patada al criminal. ¡Jah! ¿Qué se siente que una lolita te deje marcado sus zapatos en tu cara?

El otro tenía una punta y estaba listo para atacarme, pero lo detuve de la muñeca, le torcí el brazo en la espalda, posiblemente, no haya medido mi fuerza y se haya desgarrado, un pequeñísimo percance. Pero la muchacha estaba bien, con un moretón a causa mía, pero estaba bien.

—Repórtalos a la policía, por favor —le pedí. No sé dónde quedó mi celular después de esto, pero confiaba que ella pudiera llamarlos desde el suyo, mientras yo me quedaría ahí hasta que vinieran. No les dije, pero estudié artes marciales apenas acabé mi curso de idiomas. Y lo bien que hice.

En cuanto acabó la llamada, que casi me arrepentí de no haberla hecha yo, pues la voz de ella temblaba, le pregunté cómo se sentía. La notaba un poco más calmada que antes, aun así, la veía pálida todavía. Un buen susto se debe haber llevado.

La policía llegó rápido y nos vimos desocupados más rápidamente después de eso.

—¿Dónde vives? Te acompañaré —le dije ofreciéndome con una grata sonrisa, pero ella aun nerviosa, me respondió que no sabía. Menudo susto se debió haber llevado con todo eso.

No tenía mucho más qué hacer que invitarla a mi casa o dejarla con la policía. Realmente, la segunda idea parecía mucho más viable, pero no estaba seguro de que fuera a tranquilizarse al estar con aquellas dos personas. Aunque decidió seguirme, lo que me hizo pensar que realmente, había entrado en shock y no tenía idea de dónde estaba parada.

El día finalizó con ella durmiendo en mi cama, apenas me ha hablado, pero se la ve más calma, mientras, yo veo un programa de variedades en la sala, comiendo un onigiri que no parece onigiri. Les dije, esto tiene sus ventajas y desventajas, aunque a veces, son más buenas que malas.

Konbini: Abreviación japonesa de Convenience Store, una especie de supermercado, la diferencia es que tiene absolutamente todo, todo lo que puedas necesitar, desde la comida lista para cinco minutos en el microondas, diarios, lápices, estuches escolares, barbijos, hasta baños abiertos al público. Eso sí, un poquito más caros que el supermercado normal.

¡Hola, hola, soñadores! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas. Traigo un cuentito viejito que pienso usar para el reto de este mes en Pasión por los fanfics, que este personaje da para mucho y lo he tenido bastante abandonado ¡Y de paso, le doy nombre! XD

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!