Soñando uno de tus sueños

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Soñando uno de tus sueños

Criminales

Criminales

«No creo que vuelva a amar a alguien de esta manera» piensa él mientras la ve tomar el colectivo en la terminal.

«¿Me extrañará lo suficiente como para cumplir su promesa?» se pregunta ella mientras lo ve a través de la ventana. Levanta la mano, saluda antes de que el vehículo arranque y se aleje, quizá para siempre de esa plataforma.

Es él la razón por la que llora mientras se acomoda el cabello y espera que apaguen las luces y nadie la vea entre todos los pasajeros. Aunque también llora por otra persona: la que la espera en casa.

Piensa en él y contiene las lágrimas y el quizá que su mente va construyendo.

«Quiero verte» con ese mantra en la cabeza, fue rezando alegrarse por su encuentro. Quiere verlo y confirmar que nada había cambiado y que su aventura en la ciudad no los afecta en lo absoluto. Quería verlo y saber que lo ama solo con mirarlo. Escuchar su voz que revolotea su corazón como mariposa en primavera.

Antes de entender su propio corazón, ya estaba bailando al ritmo que otros labios cantaban. Y llegar a casa fue enfrentar una fuerte decepción de sí misma.

«Estamos bien» se dice cada vez que ve a su novio. Debe amarlo. Es un buen hombre, amable, la ama con locura y la apoya. Le da seguridad y la colma de felicidad ¿Por qué no se siente así? ¿Culpa? ¿Desamor? ¿Debe aminorar la carga de su conciencia y contarle todo? Lo piensa y está segura de que eso sólo iba a estropear su futuro.

«Si el mundo terminara mañana, no dudaría en abrazarte para siempre» las palabras de Adriel invaden sus sentimientos y vencen a la poca razón que le queda mientras está con su novio.

Se convence de que esa relación es la que le conviene porque lo ama y es feliz. Se lo repite una y otra vez sin saber si ella misma lo siente o solo es una dulce mentira para cubrir las heridas que causaría.

Ha pasado un tiempo desde que no sabe de Adriel. Y a lo mejor es para bien. Él está casado y le llevaba casi quince años. Eran generaciones diferentes, ¡Pero ¡qué bien se había sentido! La experiencia de un hombre que sabe lo que quiere, que la complace y que tiene clara la vida eran atrapantes y seductoras.

Las manos grandes y en las que ya se vislumbraba algunos años le mostraban caminos que no sabía que existían. Su voz gruesa repitiendo su nombre teñido de pasión cobraba otro sentido.

—Nahir —escucha la voz en su mente y se mezcla con la realidad: su novio la llama mientras los recuerdos indecorosos vuelven a encerrarse tras esa puerta que juró nunca volver a abrir.

—Sí —un monosílabo escueto pronuncian sus labios sin mirarlo. La vergüenza se mantiene en sus ojos y hasta que la sensación de la yema de los dedos en sus brazos, los besos en su cuello y el hechizo que lanzaba con su mirada no desaparecieran por completo, lo evitaría otros cinco, diez minutos—. Iré a comprar la cena —… quizá, media hora más para juntar valor y volver a la normalidad.

El teléfono suena en el bolsillo camino al supermercado y ella tiembla. Se siente como si hubiese cometido un crimen ¿La traición lo es? Llevará unida a Adriel el resto de su vida con esposas invisibles que ninguno de los dos podrá cortar.

Y mientras, el teléfono sigue sonando en su mano mirando hipnótica la pantalla.

—Cariño —escucha la voz de su novio, apacible y reconfortante, tanto así que solo remueve más la culpa—. No hay azúcar, si puedes comprar ya que estás de paso.

—Lo haré.

La conversación se torna diferente. El teléfono no sonará por Adriel. Ella tiene la llave que le permitirá encerrar todos esos recuerdos tortuosos tras una puerta que no abrirá por el resto de la eternidad.

Será feliz con la vida que tiene de una vez por todas. Él se lo merece, lo necesita y lo vale. Sujetar su mano el resto del camino es justo lo que necesita. Así, vuelve a casa sin haber comprado nada, solo con la irremediable sensación de que debe correr hacia sus brazos o lo perderá para siempre. Y apenas abre la puerta, le dice lo mucho que lo ama y que los meses lejos la hicieron sentir mal. Lo extrañó a mares y no sabe cómo demostrarlo.

Así, el secreto de que alguna vez fue una criminal queda sepultado. Jamás será contado y vivirá con el peso de haber roto una confianza que no se merecía, pero lo compensará haciéndolo feliz el resto de su vida.

******

Meses más tarde él la invita a la ciudad. Un fin de semana solo para ellos dos. Le pedirá que use su mejor vestido e irán a un sitio elegante a comer.

Ella nunca lo sabrá: Adriel la vio toda la noche desde el otro lado del restaurante mientras un piano nostálgico e inquieto sonaba de fondo.

Ambos toman caminos diferentes acompañados de otras personas. Y ninguno tendrá el valor de verse una vez más.

Ella es feliz con alguien más. Sonríe como si la vida fuera hermosa aún estando lejos.

Y él lo hace con su mujer.

Dos felicidades incomprensibles y pasajeras que deberán cuidar por siempre.

Al terminar la velada, Adriel sale con su esposa y mientras esperan un auto, él saca su celular y borra su contacto. Las cadenas invisibles seguirán, pero él no las cortará, solo las esconderá el tiempo que haga falta.

Y como si no hubiera una batalla de emociones en él, abraza a su esposa y cuando para el coche, le abre la puerta y la ayuda a entrar.

Jamás le contará de su actuar, de la traición, de que una vez fue criminal.

Sólo se queda con el quizá, el recuerdo y la vida que tiene armada y no puede romper. Aunque sabe que nada volverá a ser igual. Pero ya habían elegido sus caminos con otras personas que amar…

¡Hola, hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Terminé el cuento de trasnoche y me di con que la confesión que elegí no cumplía con la consigna que habían puesto XD siento que este reto no está hecho para mí. Es el tercer cuento que escribo sin éxito. Pero ¡bue! Ya está hecho, me encanta y aunque no participe, lo comparto.

Igual, por si quieren sumarse, les cuento. El reto consistía en elegir una confesión de Pasión por los fanfics y escribir un fanfic, crossover u original inspirándose en la confesión. Yo elegí la de "Hombre maduro" que implicaba además una infidelidad —sumenle que Fujita Maiko y Daisuke Hirakawa me traen loca con sus canciones sobre infidelidades—, tenía que escribirlo sí o sí.

Espero que les haya gustado y si el tiempo se me da —y los modos también—, quizá llegue con otra confesión más.

¡Un abrazo!